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Aladino, Cuento Clásico

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Aladino vivía en un humilde hogar con su madre. Cierto día, conoció a un enigmático extranjero que le ofreció dinero a cambio de prestarle un favor. Intrigado, Aladino aceptó su proposición, ya que su familia no contaba con muchos recursos. El forastero pidió al muchacho que lo siguiera, sin contarle nada más.

Caminaron hasta el bosque, que Aladino conocía bien, puesto que solía acudir allí a jugar con frecuencia. Sin embargo, nunca reparó en lo que parecía ser la entrada a una gruta y también el destino final del extranjero. Éste le explicó que la galería era demasiado estrecha para él y que necesitaba recuperar una lamparilla de aceite que había olvidado en el interior.

Aladino accedió a su petición. Antes de introducirse en la gruta, el forastero le advirtió que no tocara nada más que lo que él le había pedido. Las palabras del extraño alertaron al joven de la anomalía de la situación, pero él también tenía sus propias necesidades y el dinero de la recompensa sería muy bien recibido por su madre.

El muchacho se adentró decidido hacia la gruta y al poco tiempo divisó una pequeña luz que brillaba levemente desde una lampara. Gracias a la tenue luz, también logró vislumbrar todo un tesoro de oro y joyas que cubría la estancia. El chico, extrañado por el interés que el forastero manifestaba en una simple lamparilla de aceite, llegó a la conclusión de que éste no debía estar del todo en sus cabales o debía tratarse de un hechicero.

Desde fuera de la cueva, el brujo exaltado pedía a gritos su lampara. Aladino se disponía a salir de la misma, pero entonces el extraño le impidió el paso, pretendiendo recuperar primero su tan valiosa lámpara. Aladino, muy nervioso, se negó a acceder a su petición, ante lo cual el brujo siguió empujándole hacia el interior de la gruta. En el forcejeo, el forastero perdió una sortija que llevaba y que cayó a los pies del joven, mientras cerraba con una gran piedra el acceso a la cueva. (more…)

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Tortuga de el cuento clásico "La Liebre y La Tortuga"

La Liebre y La Tortuga

Tortuga de el cuento clásico "La Liebre y La Tortuga"

Introducción

Cierto dia una liebre se burlaba de las patas lentas y lentitud, al caminar, de una tortuga. Esta riéndose le replico; – “Puede que voz seas veloz como el viento pero yo te ganaria en una competencia –

La liebre, totalmente segura de que era imposible ganarle acepto el reto. Le asignaron a una zorra que determinara el camino y la meta.

Llego el dia de la carrera y arrancaron ambos al mismo tiempo. La tortuga nunca dejo de caminar a paso lento. Avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio la liebre, que a ratos se echaba a descansar en e camino, se quedo dormida. Lea este cuento y descubra que ocurrió con la liebre y la tortuga.

Cuento

Había una vez en un bosque, una liebre muy vanidosa porque pensaba que era la más rápida de cuantos habitaban allí. La presuntuosa liebre se mofaba del resto de animales, en especial de la tortuga porque era la más lenta.

– ¡Eh, tortuga! ¿Dónde vas con tanta prisa? ¡te vas a cansar de ir tan rápido! – decía la liebre sin parar de reírse.

La tortuga, cansada de las burlas, decidió un buen día retar a la liebre. Se atrevió a asegurar que ella podría ganarla en una carrera. La incredulidad de la liebre era enorme, pero decidió aceptar la apuesta de la tortuga.

Entonces, decidieron colocar lo apostado en una roca cercana, y emprender la carrera que decidiría de una vez por todas cuál era el animal más veloz del bosque. La liebre, a la que empezaba a divertirle más aún el asunto, se animó encantada. Y así, con la llegada del resto de curiosos, los animales decidieron cuál iba a ser la ruta y el destino de tan irrisoria carrera.

Todos siguieron con expectación entre clamores y vítores la salida de los participantes. La tortuga emprendió su camino, dejando atrás a la vanidosa liebre, que decidió entretenerse muy segura de sus posibilidades. Y así, con la liebre rezagada y la tortuga siguiendo su empeño de demostrar su valía, continuaron largo rato.

Finalmente, la liebre se echó a correr, aunque pensaba que aún le sobraba tiempo para vencer a tan lenta criatura. Corría y brincaba rápidamente, mientras la tortuga avanzaba a su ritmo lento pero incansable. A mitad de su marcha, la liebre adelantó por mucho a su adversario, por lo que decidió hacer otra parada más y descansar, ya que la distancia aventajada, en su opinión, se lo permitía. (more…)

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flautista de hamelin

Flautista de Hamelín

flautista de hamelin
Esta es la historia de los extraños acontecimientos ocurridos en una ciudad llamada Hamelín, hace mucho tiempo. Se cuenta que un fatídico día, los lugareños encontraron sus calles infestadas por un sin fin de roedores. La ciudad, muy desarrollada para su época, no sabía cómo poner fin a tan repentina plaga ni tampoco cuál era el origen del problema. Lo cierto es que muchos ratones se habían apoderado de sus calles, habían arrasado con los frutos de sus cosechas y con la comida almacenada en las despensas.

Todos los esfuerzos de los habitantes de Hamelín parecían ser en vano, puesto que por más que intentaban ahuyentar a los roedores, más parecían acudir estos en tropel, dispuestos a acabar con las reservas de la ciudad. La plaga estaba aniquilando todo a su paso, hasta tal punto que ante la cantidad de ratones llegados al lugar, los mismos gatos huían despavoridos.

Finalmente, los ciudadanos decidieron reunir el dinero para ofrecer una recompensa a aquella persona que fuera capaz de librarles del mal. Muchos se presentaron pero sin ningún resultado, hasta que apareció un tímido flautista extraño en aquellas tierras. El reservado forastero prometió librarles de los ratones en una sola noche, y hacerse así con el dinero prometido.

Advertido el Consejo de la ciudad, el flautista comenzó su marcha por las calles repletas de ratones. A lo largo del camino, iba entonando una dulce música con su flauta que parecía, de alguna manera, causar un efecto de atracción en los roedores. Estos, cautivados y ajenos, dejaban su saqueo para seguir la encantadora melodía mientras el flautista se iba alejando. El forastero y su diminuta compañía llegaron lo suficientemente lejos hasta cruzar un río, donde todos los ratones se ahogaron. (more…)

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