Ya no es necesario tener un acuerdo con una editorial convencional para conseguir que sus cuentos infantiles sean publicados. El modelo editorial de “impresión en demanda” significa que ya no es caro imprimir pequeños pedidos de impresión o incluso pedir un solo libro de cuentos infantiles.
Usted puede publicar su libro a un nivel profesional, asignarle un International Standard Book Number o ISBN, venderlo al por menor e incluso distribuir sus libros en las plataformas mercantiles que están bien conocidas, tales como Amazon.com. Puede hacer todo esto desde la comodidad de su computadora portátil. Impresión en demanda significa que sólo se imprime una copia cuando alguien hace una orden.
Ordene algunas copias de su libro de cuentos infantiles para autografiarlas en el lanzamiento del mismo. Hable con su librería local para ver si les dejan vender su libro en persona a los niños y sus padres.
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El día 8 de Septiembre de 2004 me entere por la prensa del país que habían traído de los Andes del Perú a Puerto Rico, una de las aves voladoras más grandes del mundo, el Cóndor Andino.
Este majestuoso animal lo veía en la serranía y en los valles de la cordillera, donde volaban cerca a las montanas de nieve perpetua. Muchos ganaderos y agricultores les ponían trampas y los mataban pensando que se comían a las ovejas. Ellos eran exhibidos como un gran premio mientras otros utilizaban sus largas plumas para hacer aretes y collares.
Yo vivía con mi familia por la cordillera de los Andes en un lugar llamado Huaraz. Esta ciudad es hermosa y está rodeada de montanas de nieve perpetua con pequeños lagos, ríos y hermosos pinos. En la década del 1940 pude ver un cóndor de cerca. Volando majestuosamente con sus enormes alas de cuatro metros de largo.
Esa noche me fui a dormir pensando en lo que sufrían estos animales en periodo de extinción. Al quedarme dormido tuve un sueño muy interesante.
- -
Aquella noche soné que cuando iba conduciendo por el expreso vi a través del cristal del frente del auto a un cóndor que volaba muy cerca de mí. Se poso encima de mi auto y me dijo que lo guiara hasta el capitolio. Yo me quede sorprendido e hice lo que él me indico.
Cuando me estacione cerca del edificio vi al cóndor pararse en la entrada principal del capitolio y ocupo una silla. De pronto pidió audiencia para ser parte del senado y también para hablar. No sabía yo la razón por la cual esta ave había llegado hasta ahí. Yo lo observaba desde el segundo piso del edificio del senado.
Cuando ya todos los senadores ocupaban sus cómodos asientos. El presidente de esta rama legislativa le dio la oportunidad de hablar a este raro senador.
- Honorable presidente del senado, – dijo el cóndor – compañeros senadores. Mi argumento va en protesta hacia todo ser humano creado por Dios. Yo como senador represento a todas las aves del mundo, animales salvajes, peces de los océanos y ríos y plantas de este planeta. Por eso estoy aquí para reclamar nuestros derechos especialmente en esta hermosa isla, Puerto Rico.
- Sabían ustedes que esta pequeña isla esta súper poblada y tiene mucho cemento. Ustedes los humanos han destruido hermosas plantaciones y árboles por todas partes de la isla. Están eliminando el medio ambiente de mis amigos; la cotorra, el zumbador, el turpial, la tórtola, la aliblanca, la cacatúa de cresta amarilla, san Pedrito, playerita graciosa, pelicano pardo, baba blanca, tijerilla, chirre, el guaraguao, el pitirre, y el pájaro carpintero.
- Amén de los animales que corretean y saltan entre la arbolada como el coquí, lagartijos, sapos conchos y también están afectando los animales y peces que viven cerca a nuestras playas como el manatí y mucho otros que fueron traídos por ustedes cuando emigraron de Europa, África y Asia.
- Están destruyendo el valor de la consideración, amor y amistad que nos merecemos. Igual que todas las plantas que nos dan una cantidad de oxígeno para vivir y ustedes lo convierten en humo. Si continúan en esta actitud de falta de respeto hacia la naturaleza, destruirán árboles y animales y convertirán en un desierto esta isla encantada.
- Cuando esto suceda, yo pediré a Dios que me convierta en un cóndor gigante del tamaño de un avión 747 para cargar las pocas aves y plantas que queden y los llevaré allende los mares, a una isla convertida en un inmenso aviario y herbario con enormes árboles donde no exista un ser humano. Cuando estemos ahí agradeceremos a Dios cantando la canción del jibarito a mi manera.
TENEMOS YA NUESTRA ISLITA
QUE TANTO LES PROMETI
LLENA DE FLORES Y MARGARITAS
PARA SIEMPRE SER FELIZ
- Queridos compañeros senadores yo propongo para salvar nuestra isla que no se construya en un año nada con cemento. Que quiten los muros de cemento de las carreteras y en su lugar siembren flores y una vez al mes paralicemos todo movimiento vehicular que contamine nuestro ambiente y ese día lo dedicaremos a sembrar cuidar y limpiar las playas y nuestras ciudades.
Tenemos que hacer algo porque sino para el año 2050 ya nuestra islita no se llamará “La isla del encanto”, sino “La isla desierta de Puerto Rico”.
- Veníamos a Australia y el velero se hundió. Nadamos hasta la orilla de este continente – dijeron la Llama y la Alpaca (animales cuadrúpedos familia de los camélidos).
- Están en Australia. ¿Venían como inmigrantes?
- Si, enviados por el Virrey para conocer este nuevo continente y sembrar papas para desarrollar la agricultura.
- ¿Dónde están esas papas? – continuó preguntando el Canguro.
- En aquel bolso de lona que está cerca de usted –
- ¡Amigos, bienvenidos! – dijo el canguro – Hace años inmigrantes de Irlanda trajeron corderos y conejos. También trajeron semillas para sembrar el trigo y variedad de vegetales. Fueron bien recibidos pues esto ayuda a nuestro progreso.
Los indios nativos que acababan de llegar escucharon al canguro y mirando a los animales extranjeros se acercaron y abrazaron a la Alpaca y a la Llama. Les brindaron amistad, alimentación y cuidado.
- ¿Podemos sembrar las papas que trajimos en estas tierras?
- Oh, no – dijo el canguro – esto es un desierto. Pero los puedo llevar al norte donde hay ríos y lagos y mucha vegetación. Las nubes sonríen dándonos lluvia y amor. El Sol nos da calor y reverdece el lugar.
- El Virrey nos dijo que donde llegáramos sembraríamos estas papas.
- Ya otros trataron de sembrar y aquí no nace nada – dijeron los nativos
La Alpaca leal a las órdenes de su majestad el Virrey – No importa – dijo – sembraremos en este lugar. Haremos canales de irrigación trayendo agua de los ríos cercanos.
Los nativos inclinaban la cabeza en señal de aceptación y empezaron a cavar haciendo canales de irrigación. El canguro sembraba las papas y los nuevos inmigrantes dirigían el proyecto.
Dos años más tarde empezaron a cosechar el alimento que algún día salvaría a la humanidad.
Molly Shannon utiliza su sensibilidad de comedia en una nueva función – autora de libros de cuentos infantiles para niños.
“TillylaTrickster“ será lanzado en septiembre 2011, la editorial, Libros Abrams para jóvenes lectores, anunció el miércoles.
El Libro de Shannon cuenta la historia de un joven luchador, travieso llamado Tilly. También cuenta con ilustraciones de Ard Hoyt.
En un comunicado de la editorial, Shannon dijo que su infancia, los papeles de Hollywood y de las interacciones con sus hijos inspiró la historia.
“Tillyesunmodelo a seguirimperfectamenteperfectoparalectoresjóvenes“,dijo. “Algunos niños son nacidos para causar problemas – y también están obligados a saber cómo se siente cuando encuentran problemas!”
Los compañeros de Billy quizás nunca considerarón carreras en entrenar caracoles o en lucha de sumo, pero por el momento para cuando el exuberante niño de ocho años de edad lleve a cabo sus trabajo de catalor sus sueños, ellos compartirán sus creencia en el potencial ilimitado!
Virtuosos juegos de palabras, ritmo irresistible, y el humor de grandes carcajadas abundan en el libro de imágenes publicado por primera vez por “Weird Al” Yankovic. Esta celebración desenfrenada de la creatividad y posibilidades invita a los lectores de todas las edades a considerar de nuevo lo que quieren ser cuando sean grandes.
- Siento unos quejidos parece que es un perrito pequeño. Asómate al portón a ver qué pasa – Dijo doña Eulalia
Don Manuel se asomo y observó lo que pasaba.
- Es una perra que va caminando hacia el parque. Le siguen 5 retoños. El último de los perritos esta a varios metros de distancia de los demás cachorros. Se ve débil y gime por que no los puede alcanzar
Doña Eulalia, mujer de gran corazón y amante de los animales, llamó a su esposo; – Manuel traedme a ese pequeño y veremos cómo cuidarlo y protegerlo. –
Don Manuel salió corriendo y trajo al pequeño perrito. Doña Eulalia tomo entre sus brazos y exclamó. Hambre tiene traedme un poco de leche y el perrito en agradecimiento lamia sus manos y movió el rabo. Después se quedó dormido. Ella le hizo una camita en una canasta vieja y lo abrigó.
Al día siguiente lo bañaron y le sacaron muchas garrapatas. Luego lo llevaron al veterinario. El doctor lo vacunó y hasta le dio un brebaje para que votara las lombrices. Aunque el cachorro no ladraba parecía que sonreía.
Paso un año y el perrito era un animal saludable y siempre que veía a Doña Eulalia y a Don Manuel saltaba, sacudía las orejas y el rabo, y aunque no ladraba daba mucho amor en este hogar. Nosotros nos sentíamos solos y ahora tenemos este animalito que nos da mucha compañía.
- Por eso lo llamaremos Cariñito – dijo doña Eulalia.
Tanto en la novela como en la obra teatral, Peter invita a la niña Wendy Darling al País de Nunca Jamás para que sea la madre de su pandilla de “los niños perdidos”. Sus hermanos John y Michael también la acompañan en su mágica aventura.
A lo largo de la historia se presentan diversas y numerosas anécdotas fabulosas, entre ellas cuando el hada Campanilla casi muere al ingerir un veneno, y una confrontación con el enemigo directo de Peter, el pirata Capitán Garfio.
Al final, Wendy decide que su verdadero espacio para vivir se encuentra en su hogar al lado de sus padres y por ello lleva a sus hermanos de regreso a Londres, mientras que Peter Pan se queda en Nunca Jamás, prometiendo a su compañera de juegos volver repetidamente a visitarla.
[editar] Personajes
Peter Pan
También llamado “El niño Maravilloso” o “El hijo único de Nunca Jamás”. Barrie postula que, antes de nacer, todos los bebés son aves, es aquí donde nace la imagen de Peter, un niño, que cuando era un bebé, salió volando por la ventana de su cuarto mientras su madre dormía a causa de que aún no había perdido la fe en que podía volar, aun creyendo ser ave voló directo y de regreso a los Jardines de Kensington donde está el lago de la serpentina que es donde se encuentra la isla de los pájaros, llamada también “Nunca Jamás”. Consiguió llegar volando hasta la isla y solo después de algún tiempo de congraciarse con los pájaros y especialmente con su líder Salomón consiguió que le fabricasen un nido para que lo pudiere usar de bote y así regresar a los Jardines todas las noches y tocar su flautín.
Es un niño de 13 años, pelo rubio, castaño y ojos verdes, aunque en los otros libros, sus ojos son azules. Es valiente, orgulloso y arrogante, en varios libros se habla que olvida fácilmente a personas o cosas que vio hasta un momento atrás.
Peter vuela hasta la ventana de los Darling, porque le gustaban los cuentos de Wendy, pero es la Sra. Darling Continue leyendo …
Érase una vez una viuda que vivía con su hijo, Aladino. Un día, un misterioso extranjero ofreció al muchacho una moneda de plata a cambio de un pequeño favor y, como eran muy pobres, aceptó.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó.
—Sígueme —respondió el misterioso extranjero.
El extranjero y Aladino se alejaron de la aldea en dirección al bosque, donde este último iba con frecuencia a jugar. Poco tiempo después se detuvieron delante de una estrecha entrada que conducía a una cueva en la que Aladino nunca antes había visto.
—¡No recuerdo haber visto esta cueva! —exclamó el joven—. ¿Siempre ha estado ahí?
El extranjero, sin responder a su pregunta, le dijo:
—Quiero que entres por esta abertura y me traigas mi vieja lámpara de aceite. Lo haría yo mismo si la entrada no fuera demasiado estrecha para mí.
—De acuerdo —dijo Aladino—, iré a buscarla.
—Algo más —agregó el extranjero—. No toques nada más, ¿me has entendido? Quiero únicamente que me traigas mi lámpara de aceite.
El tono de voz con que el extranjero le dijo esto último alarmó a Aladino. Por un momento pensó en huir, pero cambio de idea al recordar la moneda de plata y toda la comida que su madre podía comprar con ella.
—No se preocupe, le traeré su lámpara —dijo Aladino mientras se deslizaba por la estrecha abertura.
Una vez en el interior, Aladino vio una vieja lámpara de aceite que alumbraba débilmente la cueva. Cual no seria su sorpresa al descubrir un recinto cubierto de monedas de oro y piedras preciosas.
«Si el extranjero solo quiere su vieja lámpara —pensó Aladino—, o está loco o es un brujo. Hmm, ¡tengo la impresión de que no está loco! ¡Entonces es un …!».
—¡La lámpara! ¡Tráemela inmediatamente! —gritó el brujo impaciente.
—De acuerdo, pero primero déjeme salir —repuso Aladino mientras comenzaba a deslizarse por la abertura.
—¡No! ¡Primero dame la lámpara! —exigió el brujo cerrándole el paso.
—¡No! —se negó Aladino.
—¡Peor para ti! —exclamó el brujo empujándolo nuevamente dentro de la cueva. Pero al hacerlo perdió el anillo que llevaba en el dedo, el cual rodó hasta los pies de Aladino.
En ese momento se oyó un fuerte ruido. Era el brujo que hacia rodar una roca para bloquear la entrada de la cueva.
Una oscuridad profunda invadió el lugar y Aladino tuvo miedo. ¿Se quedaría atrapado allí para siempre? Sin pensarlo, recogió el anillo y se lo puso en el dedo. Mientras pensaba en la forma de escaparse, distraídamente le daba vueltas y vueltas.
De repente, la cueva se lleno de una intensa luz rosada y un genio sonriente apareció.
—Soy el genio del anillo. ¿Qué deseas, mi señor?
Aladino aturdido ante la aparición, solo acertó a balbucear:
—Quiero regresar a casa.
Instantáneamente Aladino se encontró en su casa con la vieja lámpara de aceite entre las manos.
Emocionado, el joven narró a su madre lo sucedido y le entregó la lámpara.
—Bueno, no es una moneda de plata, pero voy a limpiarla y podremos usarla.
Y la estaba frotando cuando, de improviso, otro genio aún más grande que el primero apareció.
—Soy el genio de la lámpara. ¿Qué deseas?
La madre de Aladino contemplando aquella extraña aparición sin atreverse a pronunciar una sola palabra. Aladino sonriendo murmuró:
—¿Por qué no una deliciosa comida acompañada de un gran postre?
Inmediatamente, aparecieron delante de ellos fuentes llenas de exquisitos manjares. Aladino y su madre comieron muy bien ese día y, a partir de entonces, todos los días durante muchos años.
Aladino creció y se convirtió en un joven apuesto, y su madre no tuvo necesidad de trabajar para otros. Se contentaban con muy poco y el genio se encargaba de suplir todas sus necesidades.
Un día, cuando Aladino se dirigía al mercado, vio a la hija del Sultán que se paseaba en su litera. Una sola mirada le bastó para quedar locamente enamorado de ella. Inmediatamente corrió a su casa para contárselo a su madre:
—¡Madre, éste es el día más feliz de mi vida! Acabo de ver a la mujer con la que quiero casarme.
—Iré a ver al Sultán y le pediré para ti la mano de su hija, Halima —dijo ella.
Como era costumbre llevar un presente al Sultán, pidieron al genio un cofre de hermosas joyas. Aunque muy impresionado por el presente el Sultán preguntó:
—¿Cómo puedo saber si tu hijo es lo suficientemente rico como para velar por el bienestar de mi hija? Dile a Aladino que, para demostrar su riqueza, debe enviarme cuarenta caballos de pura sangre cargados con cuarenta cofres llenos de piedras preciosas y cuarenta guerreros para escoltarlos.
La madre desconsolada, regreso a casa con el mensaje.
—¿Dónde podemos encontrar todo lo que exige el Sultán? —preguntó a su hijo.
—Tal vez el genio de la lámpara pueda ayudarnos —contestó Aladino. Como de costumbre, el genio sonrió e inmediatamente obedeció las órdenes de Aladino.
Instantáneamente, aparecieron cuarenta briosos caballos cargados con cofres llenos de zafiros y esmeraldas. Esperando impacientes las órdenes de Aladino, cuarenta jinetes ataviados con blancos turbantes y anchas cimitarras, montaban a caballo.
—¡Al palacio del Sultán! —ordenó Aladino.
El Sultán muy complacido con tan magnifico regalo, se dio cuenta de que el joven estaba determinado a obtener la mano de su hija. Poco tiempo después, Aladino y Halima se casaron y el joven hizo construir un hermoso palacio próximo al del Sultán (con la ayuda del genio, claro está).
El Sultán se sentía orgulloso de su yerno y Halima estaba muy enamorada de su esposo, que era atento y generoso.
Pero la felicidad de la pareja fue interrumpida el día en que el malvado brujo regresó a la ciudad disfrazado de mercader.
—¡Cambio lámparas viejas por nuevas! —pregonaba. Las mujeres cambiaban felices sus lámparas viejas.
—¡Aquí! —llamó Halima—. Tome la mía también —entregándole la lámpara del genio.
Aladino nunca había confiado a Halima el secreto de la lámpara y ahora era demasiado tarde.
El brujo froto la lámpara y dio una orden al genio. En una fracción de segundos, Halima y el palacio subieron muy alto por el aire y fueron llevados a la tierra lejana del brujo.
—¡Ahora serás mi mujer! —le dijo el brujo con una estruendosa carcajada. La pobre Halima, viéndose a la merced del brujo, lloraba amargamente.
Cuando Aladino regresó, vió que su palacio y todo lo que amaba habían desaparecido.
Entonces, acordándose del anillo, le dio tres vueltas.
—Gran genio del anillo, dime, ¿que sucedió con mi esposa y mi palacio? —preguntó.
—El brujo que te empujó al interior de la cueva hace algunos años regresó, mi amo, y se llevó con él tu palacio, tu esposa y la lámpara —respondió el genio.
—Tráemelos de regreso inmediatamente —pidió Aladino.
—Lo siento, amo, mi poder no es suficiente para traerlos. Pero puedo llevarte hasta donde se encuentran.
Poco después, Aladino se encontraba entre los muros del palacio del brujo. Atravesó silenciosamente las habitaciones hasta encontrar a Halima. Al verla, la estrechó entre sus brazos mientras ella trataba de explicarle todo lo que le había sucedido.
—¡Shhh! No digas una palabra hasta que encontremos una forma de escapar —susurró Aladino. Juntos trazaron un plan. Halima debía encontrar la manera de envenenar al brujo. El genio del anillo les proporciono el veneno.
Esa noche, Halima sirvió la cena y sirvió el veneno en una copa de vino que le ofreció al brujo.
Sin quitarle los ojos de encima, esperó a que se tomara hasta la última gota. Casi inmediatamente éste se desplomó inerte.
Aladino entró presuroso a la habitación, tomó la lámpara que se encontraba en el bolsillo del brujo y la frotó con fuerza.
—¡Cómo me alegro de verte, mi buen Amo! —dijo sonriendo—. ¿Podemos regresar ahora?
—¡Al instante! —respondió Aladino, y el palacio se elevó por el aire y flotó suavemente hasta el reino del Sultán.
El Sultán y la madre de Aladino estaban felices de ver de nuevo a sus hijos. Una gran fiesta fue organizada, a la cual fueron invitados todos los súbditos del reino para festejar el regreso de la joven pareja.
Aladino y Halima vivieron felices y sus sonrisas aún se pueden ver cada vez que alguien hace brillar una vieja lámpara de aceite. Título: Aladino y la lámpara maravillosa Autor: Anónimo
Sinopsis:
Aladino es un joven humilde que vive con su madre viuda. Un ambicioso mago, que busca la forma de apoderarse de una legendaria lámpara mágica, persuade a Aladino para que le ayude a conseguirla. Pero será Aladino quien se quede con ella, consiguiendo por medio de su poder adquirir la riqueza suficiente para poder casarse con la hija del sultán, de la que estaba enamorado. Sin embargo, el mago no se resistió a perder la lámpara, y bajo una treta, la recuperó. Aladino lo hubiera perdido todo si no fuera por la ayuda del genio del anillo.
Escuche el relato del cuento infantil, La Liebre y La Tortuga apretando “play”. Audio cuentos son magníficos para la hora de dormir de sus niños.
La Liebre Y La Tortuga
Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y de la lentitud al caminar de una tortuga. Pero ésta, riéndose, le replicó:
—Puede que seas veloz como el viento, pero yo te ganaría en una carrera.
Y la liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.
Llegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo. La tortuga nunca dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida. Cuando despertó, y corriendo lo más velozmente que pudo, vio cómo la tortuga había llegado a la meta y obtenido la victoria.
Con seguridad, constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.
La Bella Durmiente es un cuento de hadas popular europeo nacido de la tradición oral, las versiones más conocidas son las escritas por Charles Perrault en su libro “Cuentos de Mamá Ganso” publicado en 1697: “Belle au Bois Dormant”(La Bella Durmiente del Bosque) y la de los Hermanos Grimm: “Dornröschen”(Bella Durmiente).
Se ha señalado que en la Saga Volsunga ya se encuentra el germen de este relato, en el episodio en que Sigurd deja a Brunilda (Brynhild) prometiéndole regresar para casarse con ella.
Audio Cuento
Escuche el audio cuentos aqui.
La Bella Durmiente
Hubo una vez un rey y una reina que deseaban mucho tener hijos. Después de un largo tiempo, la Reina dio a luz una niña. Era tanta su alegría que el Rey anunció una gran fiesta para el bautizo. Como madrinas de la pequeña Princesa invitaron a todas las hadas que hallaron en el reino, un total de siete.
El Rey preparó para cada hada, de regalo, un cofrecillo hecho en oro, rubíes y diamantes.
Las hadas en agradecimiento otorgaron a la pequeña princesa un don cada una.
¡Serás la más bella de todas las doncellas!
¡Tendrás la bondad de un ángel!
¡La gracia de una gacela!
¡Bailarás con toda perfección!
¡Cantarás como un ruiseñor!
¡Tocarás todos los instrumentos musicales de maravillas!
De pronto, una mujer entró en la sala. ¡Oh! ¡Era el hada malvada, perdida desde hacía tiempo!
- ¡Se han olvidado de mí! – dijo muy furiosa, y lanzó un hechizo contra la Princesa: – ¡ El día de tu cumpleaños número dieciséis te pincharás con una aguja y morirás!
La última de las hadas buenas, que aún no había dado su regalo, dijo con, voz dulce: – Majestades, vuestra hija se pinchará el dedo con una aguja, pero no morirá. Dormirá profundamente y pasados cien años un príncipe la despertará.
El rey, asustado, ordenó que se destruyeran todas las agujas del reino.
Pasaron así quince o dieciséis años sin que nada ocurriese… hasta que un día la Princesa, paseando por el gran castillo, descubrió una pequeña habitación. Allí el hada malvada, disfrazada de anciana, cosía con aguja e hilo… – ¡Nunca vi nada igual a esto! – exclamó la princesita tomando una de las agujas.
Entonces… ¡Se pinchó en el dedo, tal como había predicho el hada malvada! Al instante, la princesita cayó al suelo y quedó profundamente dormida.
El Rey, desconsolado, trasladó a la bella Princesa y la a acostó en su hermoso lecho de oro y plata. Enseguida, mandó llamar al hada buena que, al ver la gran tristeza de todos los habitantes del castillo, dijo al rey: – Majestad: para que nuestra Princesa no se encuentre sola en el sueño, dormirán todos, y no despertarán hasta que termine el largo sueño de ella.
Tras haber pronunciado estas palabras, todos en el castillo cayeron dormidos. A partir de aquel momento, un bosque mágico cubrió el castillo.
Y así pasaron cien años hasta que un apuesto príncipe, montado en su corcel, paso cerca del lugar. Entonces, como por ensalmo, el caballo se detuvo. Tan pronto como desmontó el Príncipe, el bosque impenetrable se abrió ante sus ojos y vio el castillo. El Príncipe, intrigado, entró en aquel lugar, donde todo el mundo parecía dormir.
Cuando llegó al magnífico lecho de oro y plata, la hermosa Princesa dormía. Asombrado por su belleza, se inclinó y posó suavemente sus labios sobre las rosadas mejillas de la hermosa joven.
¡La bella Princesa despertó; Y con ella también despertaron todos los habitantes del castillo!.
¡Todos comenzaron a bailar de alegría! Al día siguiente, los festejos terminaron con una gran boda que unió para siempre a la Princesa y el apuesto Príncipe enamorados.
En el controversial video épico de la mítica Lady Gaga, “Teléfono“, nuestra heroína camina en ropas menores alrededor de prisión. A través del video musical “Teléfono” Gaga no demuestra un comportamiento adecuado para niños o menores de edad.
Sin embargo resulta que las letras de la canción son perfectamente maravillosas para un libro de cuentos infantiles. El libro “Telephone” escrito por Lady Gaga e ilustrado por Andrew Kolb ha sido un suceso interesante para los niños y adultos en los Estados Unidos.
Echa un vistazo a la primera página después del salto, y la página a través de las siete páginas aquí.
Julito era un niño curioso y alegre de 7 años que vivía en un apartamento junto a su mamá. Hijo único de Doña Viviana. Un día Julito se sentía muy solo y decidió pedirle a su mamá un mascota; – !Mamá! ¿Porque no tenemos una mascota? –
Doña Viviana le explicó porqué;
- Julito, yo trabajo todos los días y tu papá ya no está conmigo. Tengo una responsabilidad muy grande de cuidarte a ti y tener una mascota aumentaría esa responsabilidad. Yo quisiera complacerte pero en éste lugar no nos permiten tener mascotas.
Doña Viviana después de decirle la razón porque no tenía mascotas. Besó a su hijo, lo abrazó y siguió hablando; – Me voy al trabajo. Pronto llegará el autobús que te llevará a la escuela. No te olvides de desayunarte te hice panqueques y avena.
- ! Bendición mamá! –
- Que Dios te bendiga –
Julito se quedó triste, cabizbajo, mirando las 3 porciones de panqueques con melaza de caña que estaban en el plato. Lloroso empezó a comer. De pronto entró corriendo un ratoncito por la ventana del comedor. Dio un salto y cayó en el plato llenándose de miel. El ratoncito trató de caminar pero se resbalaba por toda la mesa.
Julito lo tomó entre sus manos con cariño y también se le resbaló de sus manos. Por toda la mesa iba gritando el ratón; – El halcón, el halcón –
Julito volvió a tenerlo en sus manos y le preguntó; – ¿qué te pasa? Corres como si hubieras visto a un fantasma -
El ratoncito se sintió en confianza y exclamó; – Ayúdame. Protégeme. El halcón me persigue –
- ¿Dónde está? — preguntó Julito
- Está en el balcón esperando que yo salga –
- Voy a decirle que tú no estás aquí – Se dirigió al balcón y vio aquél pájaro de alas anchas, cabeza blanca y pico como tenazas de herrero.
- ¿A quién esperas? – le preguntó Julito
- Al ratoncito. Esta vez no se me va escapar –
- No está aquí, se fue por la ventana del dormitorio –
- Lo seguiré hasta hacerlo mi presa – dijo el halcón y se alejó volando
- Gracias Julito – dijo el ratoncito
- Te voy a dar un baño meloso –
- ¿Porque me llamas meloso? –
- Porque al caer sobre mi plato te embarraste de tanta miel y por eso te puse ese nombre. De ahora en adelante serás mi mascota.
- Entonces quítame toda esta miel de mi cuerpo porque si las hormigas me encuentran harán de mi, manjar dulce de ratón.
Julito agarró a meloso y le dio un buen baño y después de secarlo con una de sus toallas lo metió en una de sus medias en una esquina de su cama.
- Esta será tu casita meloso, cuidaré de ti y te traeré alimento – dijo Julito – Meloso en éste apartamento no permiten mascotas y no quiero que mamá se entere, ni los vecinos que tu estas aquí. ¿Tú me quieres, Verdad? –
- Sí, te quiero mucho, ahora eres mi amigo, mi mascota. Cuando tú estás conmigo estudiaré con más interés, no me sentiré triste.
! Bravo! Extendiendo su pata derecha le dijo; – chócala – Julito le dio su mano derecha y así sello su amistad.
Pasaron unos cuantos días. Julito sintió unos ruidos extraños. Se asomó por la ventana y vio varias personas con cascos amarillos que protegían sus cabezas y se colgaban del inmenso flamboyán que estaba en la loma cerca de su casa. Con una sierra empezaban a cortar las ramas y escuchó un aleteo. Era el halcón que había estado antes preguntando por Meloso.
Julito, Julito – llamaba el halcón.
- El ratón no está en mi casa, ¡vete! – dijo Julito enfadado.
- No Julito, vengo para que me ayudes. Mira, en lo más alto de un flamboyán, entre unas ramas está mi nido y ahí están mis dos pichones. Ellos no pueden volar. Ayúdame.
- Ya era tarde, los trabajadores se fueron pero regresarían el día siguiente para terminar de cortar el árbol.
- Te ayudaré – le dijo Julito – pero necesito la ayuda del ratón –
- ¿Del ratón? –
- Si, si. La ayuda de meloso. Ahora es mi mascota. Prométeme que no le harás daño
- Te lo prometo –
Esa noche cuando ya se habían ido los trabajadores, Julito subió al flamboyán usando una larga escalera y llegó hasta el nido. Miró los pichones y les dijo; – voy a dejarlos con meloso el cuidará de ustedes hasta que yo regrese. Vuestra madre los espera -
Y dirigiéndose a meloso dijo; – le voy a regresar con un canasto. Cuida a los pichones -
Meloso con su rabo los acariciaba y el halcón miraba hacia el flamboyán sabiendo que aquel ratoncito amor daba a sus crías.
Con bastante esfuerzo llegaba Julito con la canasta. Puso el nido en la cesta y le dio comida a los pichones. Bajó hasta el callejón de salida que lo llevaba a su casa. – Colocó el nido con los pichones entre las ramas de un pino. Donde la luz de la luna llegaba y esta sonriente miraba al halcón viendo a sus crías en un lugar seguro. Agradeció a Julito y en su pico trajo un pedazo de queso holandés que obsequió a meloso y así ganó la amistad de éste ratoncito de buen corazón.
Cuando llegó el día de la amistad, el 14 de febrero, lo celebraron cantando todos juntos, Julito, meloso, el halcón y sus crías, “Bello amanecer”.
Julito tenía 8 años cuando le preguntó a su madre, Doña Viviana; – ¿Mamá, mamá, cuando vamos al pueblo de Quebradillas a visitar a tío José? –
- El próximo Domingo cuando empiezan las fiestas patronales – Ese día después de viajar durante 3 horas por la carretera numero 2 llegaron a casa de Don José que alegre los estaba esperando. – Si gustan podemos ir a la finca porque voy a recoger toronjas y algunos aguacates. ¿Quieres ir Julito? –
- ¡Sí! me gusta ese lugar. He ido otras veces y me he divertido mucho, correteando entre las plantas. Debe estar más bonito porque sé que tío cuida ese sitio con gran tesón –
Llegaron a la finca y rápido Julito empezó a corretear entre las plantas, los árboles frutales en compañía de las palomas, los changos y los pajaritos retozones que volaban sin cesar.
De pronto vio un panal de abejas, algo nuevo para él pues nunca había visto esto. Se acercó al panal y salió una abeja al frente de la entrada; – No te atrevas a meter tu mano al castillo porque daré órdenes para que mi ejército que protege la reina te ataque – dijo la abeja.
- ¿Qué está pasando Leonidas? – preguntó la reina –
- ¿Porque te llaman Leonidas? – preguntó Julito
- Porque soy el más fuerte y agresivo y en honor a Leonidas, rey de Esparta -
- ¿Leonidas? … ¿Este es un castillo o una colmena? – continua Julito
- Para ustedes es una colmena pero para nosotros es un castillo –
- ¿Qué es ese panal con cavidades hexagonales? Se ven todas iguales
- Es un trabajo bien ejecutado con ingenieros y arquitectos de nuestras abejas obreras. En cada cavidad nuestra reina deposita un huevito y estas al nacer se alimentan de lo que nosotras depositamos en ellas, que es lo que ustedes llaman miel. –
- ¡Qué maravilloso! ¿Como recolectan la miel?
- Es un proceso digestivo. Nosotros vamos de flor en flor y chupamos el néctar de las flores que se convierte en miel y al movernos recogemos también el polen de otras flores y polarizamos los productos agrícolas. Después nacen ricos frutos como la calabaza, zanahorias, manzanas, aguacates, mango, melones y muchos, muchos más.
- Gracias Leonidas por darme una información tan valiosa. Pero te noto triste. ¿Qué pasa?
- Julito, aquí estamos felices pero estos terrenos van a ser removidos y sacaran las plantas con sus flores y empezaran a construir casas. Entonces nos iremos a otro lugar, donde haya muchas flores para comenzar y construir un nuevo panal. Pronto no habrá terrenos para cultivar y desarrollar la agricultura pues todos los terrenos están siendo utilizados para la construcción –
- ¿Nada se puede hacer? – preguntó Julito.
- Se puede tratar algo pero con la ayuda de Don José, el pudiera hablar con el alcalde. –
Julito se fue rápido a visitar a su tío y los dos pidieron audiencia al alcalde. Don José dejo a Julito que hablara; – Honorable alcalde – dijo Julito – al derredor de la finca de tío José hay una colmena y ellas, las abejas quieren que las tierras aledañas sean protegidas por el gobierno. Se ha oído hablar que las van a utilizar para construir casas y esto destruiría el habitad de las abejas. Cuando esto sucede los productos de la tierra se perderán. Son miles de trabajadores que se sostienen con la agricultura. Ellos, los agricultores, se encuentran en una encrucijada. Queremos que usted nos ayude.
- Bueno – dijo el alcalde – voy a presentar una moción en el capitolio para que consideren este caso porque estos terrenos son del estado y no de este municipio. –
Pasaron unos días y Julito fue citado al capitolio. El aprovechó este momento para ir con Leonidas. Este acepto la invitación y reunió a 10,000 abejas y les pidió que lo acompañaran al capitolio; – ustedes entraran por la puerta principal y estarán en cada rincón del hemiciclo no piquen a nadie. Quiero que estén ahí cuando hable exigiendo nuestros derechos –
Durante el viaje hacia la capital Leonidas le dijo a Julito – Tu me presentas en el hemiciclo y yo hablaré por el bien de las abejas -
Todos los senadores y representantes se sorprendieron de ver tantas abejas pero ya estaban advertidos por Julito que ellos venían a escuchar a su líder y una vez que termine la sesión se irían.
Cuando le tocó su turno a Julito y después del saludo protocolar a los honorables senadores y representantes este presentó a Leonidas.
- ¿Dónde está? – preguntaron
Como por arte de magia Leonidas empezó a crecer hasta tener el tamaño de Julito.
Sorprendidos los legislativos esperaron que hablara la asombrosa abeja gigante.
- Yo soy Leonidas representante de la reina de nuestra colmena – Quiero que me escuchen porque necesitamos protección. Aquí las cosas han ido de mal en peor para la vida de las abejas y para la agricultura. La agricultura ha ido cayendo a través de los últimos años. El progreso en este país se desarrollo en toda clase de industrias. Todos aplaudimos este evento. Nosotros queremos salvar la agricultura que por ustedes ha sido olvidada. Queremos protección de los terrenos aledaños a la finca de don José. La agricultura renacerá con la ayuda de nosotras las abejas. Nuestras obreras trabajan incansablemente se nutren de el néctar de las flores, pero polinizan las plantas llevando el polen de flor en flor. El néctar lo convertimos en deliciosa miel que se depositan en hexagonales barriles de cera que también lo fabricamos. Con la ayuda múltiple todas las plantas producen frutos y ustedes se benefician de la cera y la miel.
- Si hubiera más colmenas la agricultura se salvaría. Todo el tiempo nosotras las abejas trabajamos sin pedir salarios, no pedimos aumento, trabajamos unidas y sin obstáculos políticos. Solo queremos que protejan el área de nuestra vida y trabajo. El mundo necesita de nosotras las abejas. –
Hubo silencio, luego continuó; – y mostrando un pergamino dijo lo siguiente; – La reina de nuestra colmena envía este mensaje. –
Uno de los honorables lo cogió en sus manos y empezó a leerlo;
HONORABLES LEGISLADORES.
Nosotros estamos en este Mundo para vivir en paz. Vivir en paz no es destrucción. Vivir en paz es protegernos, ayudar a mejorar el ambiente, cuidar de todo lo que hay en este planeta que Dios nos ha dado. El polvo más valioso del mundo es el polen. Sin el polen no habrá plantas y por lo tanto, tampoco habrá vida animal.
Tropical, es un perrito; que todavía lo tenemos en casa. Tropical lleva un mensaje de amor hacia los animales.
¿Por qué dice que es para los jóvenes de 9 a 12 años?
Los niños ente estas edades empiezan la pubertad. Ellos tienen cambios y se alejan un poco de la escuela. Durante este periodo del desarrollo algunos niños pierden interés por los libros de texto. Con estos cuentos le creamos interés por la historia del mundo através de cuentos cortos divertidos que hacen referencia a la lectura.
A medida que la población latina de los Estados Unidos crece y los asuntos de inmigración se hacen cada vez más divisivos, una manera de entender ambos es explorar nuevos libros que ofrecen una visión aguda de la cultura española.
Niños de 4 a 8 pueden disfrutar del regalo de navidad al leer las narraciones del autor Antonio Sacre, reconocido internacionalmente. Su herencia cubana en “La Noche Buena: Un Cuento de Navidad”, ilustrado por Angela Domínguez.
Nina, una niña que vive en hemisferio norte cubierto de nieve con su madre, está contenta por haber sido enviada a vivir por un tiempo en la casa de su abuela Mimi en la Pequeña Habana de Miami. Su padre quiere que ella tenga la experiencia de La Noche Buena (víspera de Navidad), el dia festivo más popular de Cuba.
Nina se une a las mujeres en la cocina, cortando, pelando y mezclando un adobo, que luego lleva a la casa de su tío, donde los hombres están arreglando un asado de cerdo. Durante tres días las familias cuentan historias alegres de Cuba mientras preparan la fiesta.
En La Noche Buena todo el mundo disfruta de la comida y antes de la media noche asisten a la Misa del Gallo. La música y el baile siguen hasta el amanecer.
El relato escrito sin problemas – salpicado de palabras y frases en español, el amor acentúa el amor y la camaradería, y las pinturas acrílicas encontradas en el libro de colores brillantes captan la alegría de los fuertes lazos comunitarios.
Contar cuentos infantiles es una manera de compartir información, vivencias y aventuras de la imaginación. Así como también compartir experiencias, orígenes y culturas, pero también la narración ofrece una serie de otros beneficios.
Collins y Cooper (1997) presentan 12 razones por las que la narración es valiosa en el aula:
Ayuda a los estudiantes mejorar sus habilidades de la imaginación y la visualización.
Brinda una oportunidad a los estudiantes a escuchar y desarrollar una apreciación de la gama, la belleza y el ritmo del lenguaje.
Presenta a los estudiantes las palabras en contexto, esto les ayuda a entender las palabras desconocidas y aumentasuvocabulario.
Cortar cuentos ayuda a los estudiantes a practicar y perfeccionar sus habilidades para hablar cuando comparten sus historias con los demás.
Contar cuentos ayuda a los estudiantes a mejorar sus habilidades de escuchar mediante la comprensión del significado, inferencias, y la interpretación de la información.
Cortar cuentos brinda una oportunidad para que los estudiantes interactúen con los adultos a nivel personal.
Ayuda a los estudiantes mejorar sus habilidades deescritura cuando escriben sus propias historias.
Ayuda a los estudiantes a desarrollar habilidades de lectura y las chispas interés por la lectura. Esto anima a los estudiantes a investigar diferente materiales y recursos para encontrar una historia la cual puedan compartir o para encontrar historias que les han dicho a ellos.
historias con acertijos o problemas a resolver pueden mejorar las habilidades de los estudiantes, el pensamientocríticoy creativo.
Contar cuentos infantiles permite a los estudiantes a compartir sus sentimientos.
Cortar cuentos cortos ayuda a los estudiantes a ver la literatura como un reflejo de las experiencias humanas.
Compartir historias de su cultura y de la familia ayuda a los estudiantes a comprendersupropiopatrimonioyotrosculturales.
La vida Selma Blair fue transformada por un libro de cuentos infantiles para niños. La actriz de 36 años de edad, relacionada con el personaje principal del libro El Jardín Secreto de Frances Hodgson Burnett – el cual que su madre le dio una copia antes de empezar la universidad – clama que la novela le ayudó a aprender a no ser tan infeliz con la vida.
Ella dijo:.. - “este libro me cambió mucho, para mejor. Yo era una especie de adolescente deprimida. Mi madre presentaba a mis hermanas y decía; – “ok, esta es el atleta, esta es la que alcanza muchos méritos, y entonces esta es Selma , la maníaco-depresiva.”
“Es extraño que un libro infantil tuviese una influencia tan grande. Me sentía tan amarga como María, y el libro me ha transformado en la misma manera que El Jardín la transformó. Enseñándole a no dejar que los pensamientos tristes en su la cabeza.”
La estrella de ‘Hellboy II’ adora recibir libros nuevos para leer y carga con ella una copia del libro ‘Nueve Cuentos’ de JD Salinger que le fue obsequiado por Jake Gyllenhaal.
“Cargo con este libro desde hace nueve años. Todavia lo llevo en mi bolso. Me recuerda la amistad que tuve una vez con Jake y los cuentos maravillosos del autor”.
Durante muchos días, el hermoso velero en el que viajaba Gulliver había navegado plácidamente hasta que, al aventurarse por las aguas de las Indias Orientales, una violentísima tempestad empezó a zarandear el barco como si fuera una cascara de nuez. Impresionantes olas barrían la cubierta y abatían los mástiles con sus velas. Al llegar la noche, una gigantesca ola levantó el barco por la parte de popa y lo lanzó de proa contra el hirviente remolino entre un espantoso crujir de maderas y los gritos de los hombres.
-¡Sálvese quien pueda! – Gritó el capitán.
No hubo ni tiempo de arrojar los botes al agua y cada uno trató de ponerse a salvo alejándose del barco que se hundía por momentos.
Empujado por el viento, cegado por la espuma, Gulliver nadaba en medio de las tinieblas. Pasaba el tiempo y la fatiga hacía presa en él.
“Mis fuerzas se agotan”, pensaba; “no podré resistir mucho”
De pronto, notó que su pie chocaba contra algo firme. Unas brazadas más y se encontró en una playa.
- ¡Estoy salvado! – murmuró con sus últimas fuerzas, antes de dejarse caer sobre la arena. Al punto, se quedó profunda y plácidamente dormido.
Él no podía saber que había llegado a Liliput, el país donde los hombres, los animales y las plantas eran diminutos. Por otra parte, no había tenido tiempo de ver nada ni a nadie. En cambio, los vigías de ese reino sí le vieron a él y corrieron a la ciudad para dar la voz de alarma.
- ¡Ha llegado un gigante!
Inmediatamente todas las gentes de Liliput se encaminaron hacia la playa, no sin temor. Llegaban despacito y, desde lejos curioseaban al grandullón.
- Tenemos que impedir que nos ataque – dijo un leñador-. ¡Vayamos a por cuerdas para atarle!
En medio de una frenética actividad, todos se dedicaron al acarreo de estacas y cuerdas. Luego rodearon a Gulliver y empezaron a clavar las estacas en la arena con gran habilidad. Seguidamente, treparon sobre su cuerpo y fueron realizando un trenzado de cuerdas habilidoso y práctico, sujetando las cuerdas en las estacas.
El sol había empezado a calentar cuando un viejecito que se apoyaba en un diminuto bastón, toco sin querer la nariz del prisionero, que estornudó aparatosamente.
¡Que conmoción! Muchos hombres salieron despedidos, otros emprendieron la huida. Gulliver notó que delgadas cuerdas lo sujetaban y sintió algo que le pasaba sobre el pecho; dirigió la mirada hacia abajo y descubrió una diminuta criatura con arco y flecha en las manos y un carcaj a la espalda. No menos de otros cuarenta seres similares corrían por su cuerpo.
En su prisa por huir, algunos rodaron y se hicieron numerosos coscorrones. Muertos de miedo, los liliputienses fueron a esconderse tras las rocas, los árboles o en las madrigueras.
- ¿Qué es esto? – exclamó el náufrago-. ¿Quién me ha hecho prisionero?
Sin más que un pequeño esfuerzo se incorporó, haciendo saltar las cuerdas. Y al observar de reojo el temor con que se le contemplaba, fue incapaz de contener la risa.
Quizá porque le vieron reír y porque no se levantaba, los liliputienses avanzaron un poquito hacia el extraño visitante.
- Acercaos, no soy ningún ogro – dijo Gulliver.
Pero se dio cuenta de que no le entendían y fue probando con los muchos idiomas que conocía hasta acertar con el utilizado en Liliput.
- Hola amigos…
Los liliputienses vieron en estas dos palabras buena voluntad y se acercaron un poco más. Por otra parte, como jamás habían visto gigante alguno, tampoco querían perderse el acontecimiento.
Pero el náufrago estaba hambriento y, con su mejor sonrisa, dijo:
- Amigos, os agradecería que me trajerais algo de comer.
Un poco por la sonrisa y otro poco porque les convenía conquistar su favor, los hombrecillos le aseguraron que iba a estar muy bien servido. Con gran presteza le presentaron una opípara comida. Cierto que los bueyes de Liliput eran como gorriones para el visitante y necesitó unos pocos para saciar su apetito. En cuanto a los barriles de vino, se le antojaban dedales e iba despachando cuantos le servían con la mayor facilidad.
Mientras comía, los liliputienses se dedicaron a contarle su vida y milagros. Supo el viajero que estaban gobernados por Lilipín I, rey justo y bueno y que por aquellos días se hallaban en guerra con los enanos del país vecino. Esta situación les afligía mucho.
- ¡Mirad! – Anunció un enano pelirrojo. Ahí llegan Sus Majestades.
En efecto, los monarcas, rodeados de toda su corte, se acercaban deferentes, tras abandonar su lindo carruaje en el que llegaron, curiosamente arrastrado por seis ratones blancos.
La reverencia con que Gulliver recibió a los soberanos agradó mucho al rey Lilipín y extasió a la reina Lilipina. Pronto el rey y el viajero entablaron una animada conversación.
Descubrió Gulliver que el monarca era inteligente, pues le habló de las máquinas que usaban para cortar árboles y arrastrar la madera, y de otros ingenios muy interesantes. También Lilipín descubrió la valía del viajero.
- Veo que posees una gran inteligencia, Gulliver, y espero que te agrade el favor que mis súbditos te dispensan. Todos deseamos que te encuentres en Liliput como en tu propia casa.
- Estoy muy agradecido, Majestad – respondió Gulliver, inclinándose.
- Ejem… Si alguien atacara tu casa la defenderías. ¿No es así?
- Así es, Majestad, pero… no os comprendo…
Entonces el soberano, con aire doliente, explicó al visitante el problema que le había caído encima a causa de su guerra con los enanos del país vecino. Y como Gulliver había cobrado simpatía a los liliputienses, replicó:
-En este momento me considero en mi casa, señor; por lo tanto, voy a defenderla. ¿Dónde están los enemigos de Liliput, que desde ahora lo son míos?
En ese momento, a galope de un caballo diminuto, se presentó un despavorido mensajero.
-¡Majestad! – anunció, casi sin aliento-. ¡Sucede algo espantoso! La flota enemiga se está acercando a nuestra isla, dispuesta a atacarnos.
El rey y Gulliver seguidos de algunos cortesanos, subieron a un montecillo desde el que se divisaba el horizonte; sobre las olas pudieron descubrir cientos y cientos de diminutos barcos, muy bien pertrechados, rumbo a Liliput.
- ¡No podremos hacerles frente! – se lamentaban los liliputienses.
- ¡Acabarán con todos nosotros!
Gulliver, sereno y arrogante, dijo:
- Tranquilos, amigos; permitid que sea yo quien reciba a la flota. Os aseguro que van a conocer la derrota. Y ahora id a refugiaos en el bosque y dejadme solo.
Ante el asombro general, le vieron entrar en el agua y, sin mas que alargar los brazos, fue apoderándose de los barcos enemigos con sus enormes manos. Enseguida empezó a repartir los barcos por sus ropas, como su fueran avellanas, con sus guerreros dentro. Se llenó los bolsillos y, los que sobraron, los colgó de los botones de su levita y hasta puso alguno en los lazos de los zapatos. Regresó luego a la playa y fue colocando los barquitos en hilera. Bien dispuestos ya y plantado ante ellos, Gulliver exigió:
- ¡Ríndanse si no quieren perecer!
Naturalmente, más muertos que vivos, los enemigos de Liliput se rindieron como un solo hombre.
Viendo tamaña maravilla, después de lo mucho que aquella guerra le había hecho sufrir, Lilipín I, con la voz rota de la emoción, gritó:
- ¡Viva el gran héroe Gulliver!
Las gentes, delirantes de entusiasmo, atronaron la playa con sus aclamaciones. Los más ancianos abrazaban a sus hijos, que ya no tendrían que enzarzarse en guerras, puesto que el enemigo estaba vencido. Las mujeres lloraban y reían a un tiempo.
Seguidamente, en medio de un gran ceremonial, el soberano nombró a Gulliver generalísimo de sus ejércitos.
- Agradezco el honor, Majestad, pero creo que no vais a necesitar más generales. El enemigo está vencido y espero que vuestras guerras hayan terminado para siempre.
- ¿Y que importan las guerras teniéndote a tí como aliado? – replicó el monarca, un tanto fanfarrón.
- Sólo seré vuestro aliado si devolvéis la libertad a los prisioneros. Su rey os dará palabra de no volver a atacaros.
Así sucedió y los dos monarcas firmaron una paz duradera y hasta intercambiaron regalos. Luego, el propio Gulliver puso los barquitos en el agua, con sus tripulaciones dentro y despidió la flota vencida agitando su mano.
- Es un poco raro el gigante – pensaba el rey Lilipín I, sin comprender del todo tanta generosidad.
- ¡Qué gesto tan elegante! – dijo Lilipina con un largo suspiro, aludiendo a la generosidad del vencedor.
Honrado, aclamado y querido, Gulliver pasó en Liliput varios años. El pueblo entero había colaborado en construirle una gran casa con todas las comodidades. Sin embargo, el viajero sentía nostalgia de su patria y de su familia. Por otra parte, comprendía que con él allí, las provisiones de los liliputienses corrían el peligro de acabarse, pues comía el solo tanto como el país entero.
Un día le habló al monarca con toda sinceridad, manifestando su nostalgia.
- ¡Oh, como siento que no quieras quedarte para siempre, Gulliver!
La reina Lilipina, que era aguda, preguntó con una sonrisa:
- ¿Te irás andando, Gulliver?
- Sabéis que eso es imposible, señora. Pero algún día puede llegar un barco…
Con frecuencia atisbaba el horizonte desde un montículo y cierto día apareció el ansiado barco no lejos de la costa y el viajero le hizo señales para que se aproximara.
El velero se acercó a la playa y Gulliver se despidió de sus amigos.
Los reyes y el pueblo entero le entregaron regalos, todos diminutos, pero muy apreciados por el viajero. Con verdadero afecto estuvieron en la playa, agitando sus manos, hasta que vieron la silueta graciosa del velero perderse en la lejana bruma
Uno de mis recuerdos más preciados fue cuando me di cuenta que podía leer. Recuerdo estar sentado en el sofá de nuestra sala de estar con un libro en mi regazo. Recuerdo como suena la palabra “hora”. Mi mamá me estaba escuchando leer en voz alta y me pidió que parara para corregirme. A medida que mi dedo señalaba a la palabra, mi madre explicó que la “h” se quedó en silencio y la palabra se pronuncia como “ora”.
A partir de ese momento, me convertí en un lector voraz. Quería leer todo, desde anuncios en la calle hasta las cajas de cereal, la lectura era tan vital para mí como respirar.
Yo fui uno de esos niños cuya mano siempre con entusiasmo se disparó cuando alguno de mis maestros pidió a alguien que lea en voz alta. Si fuéramos una fila a otra, me gustaría contar los puntos para ver si mi punto iba a ser buena y larga o si iba a ser pegado con un magro pocas frases.
Pronto descubrí que mi amor por la lectura, algo por lo que soy muy apasionado, no era compartido por todos. Como escritor, he tenido lectores que de plano me dicen que odian a leer. Por supuesto, mi trabajo como autor de cuentos infantiles es de ayudar a desarrollar un amor por la lectura mediante la escritura de cuentos interesantes.
Muchos niños están convencidos de que no les gusta leer porque sus habilidades de lectura estaban varios niveles por debajo del nivel de grado. Para muchos de estos estudiantes, declarar el odio por la lectura era más fácil de expresar la vergüenza de no ser un ávido lector.
Para muchos de nosotros, este entusiasmo por un libro y la lectura es la razón por la que hacemos esto. Observe algunas de las estadísticas sobre nuestros niños y aprendizaje de la lectura.
61% de las familias de bajos ingresos en los EE.UU. no tienen libros en sus hogares.
80% de los preescolares y programas extra-escolares que atienden a poblaciones de bajos ingresos no tienen libros adecuados a la edad de sus hijos.
45% de los niños de 3-5 años no se leen a diario. Los niños cuyos padres les leen a ser mejores lectores y les va mejor en la escuela.
27% de los estudiantes de la escuela pública cuarto puntuación por debajo de los niveles de base en los exámenes de lectura. Aumentar el acceso a material de impresión es la forma más adecuada para mejorar el rendimiento en lectura de niños de bajos ingresos.
21% de los adultos de EE.UU. con las habilidades de lectura por debajo de la base están desempleados.
$ 500 mil millones es el costo anual para la economía de EE.UU. de los niños que crecen en la pobreza – un resultado de la productividad con el tiempo más bajo y los ingresos, el aumento de los índices de delincuencia y los costos de salud.
La lectura de cuentos infantiles es muy importante para el desarrollo intelectual de nuestros niños. Motive a sus niños a leer para que tengan un mejor futuro.
En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.
El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.
- Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.
El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.
Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.
Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.
Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.
Había una vez un pobre campesino. Una noche se encontraba sentado, atizando el fuego, y su esposa hilaba sentada junto a él, a la vez que lamentaban el hallarse en un hogar sin niños.
—¡Qué triste es que no tengamos hijos! —dijo él—. En esta casa siempre hay silencio, mientras que en los demás hogares todo es alegría y bullicio de criaturas.
—¡Es verdad! —contestó la mujer suspirando—.Si por lo menos tuviéramos uno, aunque fuera muy pequeño y no mayor que el pulgar, seríamos felices y lo amaríamos con todo el corazón.
Y ocurrió que el deseo se cumplió.
Resultó que al poco tiempo la mujer se sintió enferma y, después de siete meses, trajo al mundo un niño bien proporcionado en todo, pero no más grande que un dedo pulgar.
—Es tal como lo habíamos deseado —dijo—. Va a ser nuestro querido hijo, nuestro pequeño.
Y debido a su tamaño lo llamaron Pulgarcito. No le escatimaban la comida, pero el niño no crecía y se quedó tal como era cuando nació. Sin embargo, tenía ojos muy vivos y pronto dio muestras de ser muy inteligente, logrando todo lo que se proponía.
Un día, el campesino se aprestaba a ir al bosque a cortar leña.
—Ojalá tuviera a alguien para conducir la carreta —dijo en voz baja.
—¡Oh, padre! —exclamó Pulgarcito— ¡yo me haré cargo! ¡Cuenta conmigo! La carreta llegará a tiempo al bosque.
El hombre se echó a reír y dijo:
—¿Cómo podría ser eso? Eres muy pequeño para conducir el caballo con las riendas.
—¡Eso no importa, padre! Tan pronto como mi madre lo enganche, yo me pondré en la oreja del caballo y le gritaré por dónde debe ir.
—¡Está bien! —contestó el padre, probaremos una vez.
Cuando llegó la hora, la madre enganchó la carreta y colocó a Pulgarcito en la oreja del caballo, donde el pequeño se puso a gritarle por dónde debía ir, tan pronto con “¡Hejjj!”, como un “¡Arre!”. Todo fue tan bien como con un conductor y la carreta fue derecho hasta el bosque. Sucedió que, justo en el momento que rodeaba un matorral y que el pequeño iba gritando “¡Arre! ¡Arre!” , dos extraños pasaban por ahí.
—¡Cómo es eso! —dijo uno— ¿Qué es lo que pasa? La carreta rueda, alguien conduce el caballo y sin embargo no se ve a nadie.
—Todo es muy extraño —asintió el otro—. Seguiremos la carreta para ver en dónde se para.
La carreta se internó en pleno bosque y llegó justo al sitio sonde estaba la leña cortada. Cuando Pulgarcito divisó a su padre, le gritó:
—Ya ves, padre, ya llegué con la carreta. Ahora, bájame del caballo.
El padre tomó las riendas con la mano izquierda y con la derecha sacó a su hijo de la oreja del caballo, quien feliz se sentó sobre una brizna de hierba. Cuando los dos extraños divisaron a Pulgarcito quedaron tan sorprendidos que no supieron qué decir. Uno y otro se escondieron y se dijeron entre ellos:
—Oye, ese pequeño valiente bien podría hacer nuestra fortuna si lo exhibimos en la ciudad a cambio de dinero. Debemos comprarlo.
Se dirigieron al campesino y le dijeron:
—Véndenos ese hombrecito; estará muy bien con nosotros.
—No —respondió el padre— es mi hijo querido y no lo vendería por todo el oro del mundo.
Pero al oír esta propuesta, Pulgarcito se trepó por los pliegues de las ropas de su padre, se colocó sobre su hombro y le dijo al oído:
—Padre, véndeme; sabré cómo regresar a casa.
Entonces, el padre lo entregó a los dos hombres a cambio de una buena cantidad de dinero.
—¿En dónde quieres sentarte? —le preguntaron.
—¡Ah!, pónganme sobre el ala de su sombrero; ahí podré pasearme a lo largo y a lo ancho, disfrutando del paisaje y no me caeré.
Cumplieron su deseo, y cuando Pulgarcito se hubo despedido de su padre se pusieron todos en camino. Viajaron hasta que anocheció y Pulgarcito dijo entonces:
—Bájenme al suelo, tengo necesidad.
—No, quédate ahí arriba —le contestó el que lo llevaba en su cabeza—. No me importa. Las aves también me dejan caer a menudo algo encima.
—No —respondió Pulgarcito—, sé lo que les conviene. Bájenme rápido.
El hombre tomó de su sombrero a Pulgarcito y lo posó en un campo al borde del camino. Por un momento dio saltitos entre los terrones de tierra y, de repente, enfiló hacia un agujero de ratón que había localizado.
—¡Buenas noches, señores, sigan sin mí! —les gritó en tono burlón.
Acudieron prontamente y rebuscaron con sus bastones en la madriguera del ratón, pero su esfuerzo fue inútil. Pulgarcito se introducía cada vez más profundo y como la oscuridad no tardó en hacerse total, se vieron obligados a regresar, burlados y con la bolsa vacía. Cuando Pulgarcito se dio cuenta de que se habían marchado, salió de su escondite.
“Es peligroso atravesar estos campos de noche, cuando más peligros acechan”, pensó, “se puede uno fácilmente caer o lastimar”.
Felizmente, encontró una concha vacía de caracol.
—¡Gracias a Dios! —exclamó—, ahí dentro podré pasar la noche con tranquilidad; y ahí se introdujo. Un momento después, cuando estaba a punto de dormirse, oyó pasar a dos hombres, uno de ellos decía:
—¿Cómo haremos para robarle al cura adinerado todo su oro y su dinero?
—¡Yo bien podría decírtelo! —se puso a gritar Pulgarcito.
—¿Qué es esto? —dijo uno de los espantados ladrones, he oído hablar a alguien.
Pararon para escuchar y Pulgarcito insistió:
—Llévenme con ustedes, yo los ayudaré.
—¿En dónde estás?
—Busquen aquí, en el piso; fíjense de dónde viene la voz —contestó.
—¡Eh!, yo me deslizaré entre los barrotes de la ventana de la habitación del cura y les iré pasando todo cuanto quieran.
—¡Está bien! Veremos qué sabes hacer.
Cuando llegaron a la casa, Pulgarcito se deslizó en la habitación y se puso a gritar con todas sus fuerzas.
—¿Quieren todo lo que hay aquí?
Los ladrones se estremecieron y le dijeron:
—Baja la voz para no despertar a nadie.
Pero Pulgarcito hizo como si no entendiera y continuó gritando:
—¿Qué quieren? ¿Les hace falta todo lo que aquí?
La cocinera, quien dormía en la habitación de al lado, oyó estos gritos, se irguió en su cama y escuchó, pero los ladrones asustados se habían alejado un poco. Por fin recobraron el valor diciéndose:
—Ese hombrecito quiere burlarse de nosotros.
Regresaron y le cuchichearon:
—Vamos, nada de bromas y pásanos alguna cosa.
Entonces, Pulgarcito se puso a gritar con todas sus fuerzas:
—Sí, quiero darles todo: introduzcan sus manos.
La cocinera, que ahora sí oyó perfectamente, saltó de su cama y se acercó ruidosamente a la puerta. Los ladrones, atemorizados, huyeron como si llevasen el diablo tras de sí, y la criada, que no distinguía nada, fue a encender una vela. Cuando volvió, Pulgarcito, sin ser descubierto, se había escondido en el granero. La sirvienta, después de haber inspeccionado en todos los rincones y no encontrar nada, acabó por volver a su cama y supuso que había soñado con ojos y orejas abiertos. Pulgarcito había trepado por la paja y en ella encontró un buen lugarcito para dormir. Quería descansar ahí hasta que amaneciera y después volver con sus padres, pero aún le faltaba ver otras cosas, antes de poder estar feliz en su hogar.
Como de costumbre, la criada se levantó al despuntar el día para darles de comer a los animales. Fue primero al granero, y de ahí tomó una brazada de paja, justamente de la pila en donde Pulgarcito estaba dormido. Dormía tan profundamente que no se dio cuenta de nada y no despertó hasta que estuvo en la boca de la vaca que había tragado la paja.
—¡Dios mío! —exclamó—. ¿Cómo pude caer en este molino triturador?
Pronto comprendió en dónde se encontraba. Tuvo buen cuidado de no aventurarse entre los dientes, que lo hubieran aplastado; mas no pudo evitar resbalar hasta el estómago.
—He aquí una pequeña habitación a la que se omitió ponerle ventanas —se dijo—Y no entra el sol y tampoco es fácil procurarse una luz.
Esta morada no le gustaba nada, y lo peor era que continuamente entraba más paja por la puerta y que el espacio iba reduciéndose más y más. Entonces, angustiado, decidió gritar con todas sus fuerzas:
—¡Ya no me envíen más paja! ¡Ya no me envíen más paja!
La criada estaba ordeñando a la vaca y cuando oyó hablar sin ver a nadie, reconoció que era la misma voz que había escuchado por la noche, y se sobresaltó tanto que resbaló de su taburete y derramó toda la leche.
Corrió a toda prisa donde se encontraba el amo y él gritó:
—¡Ay, Dios mío! ¡Señor cura, la vaca ha hablado!
—¡Está loca! —respondió el cura, quien se dirigió al establo a ver de qué se trataba.
Apenas cruzó el umbral cuando Pulgarcito se puso a gritar de nuevo:
—¡Ya no me enviéis más paja! ¡Ya no me enviéis más paja!
Ante esto, el mismo cura tuvo miedo, suponiendo que era obra del diablo y ordenó que se matara a la vaca. Entonces se sacrificó a la vaca; solamente el estómago, donde estaba encerrado Pulgarcito, fue arrojado al estercolero. Pulgarcito intentó por todos los medios salir de ahí, pero en el instante en que empezaba a sacar la cabeza, le aconteció una nueva desgracia.
Un lobo hambriento, que acertó a pasar por ahí, se tragó el estómago de un solo bocado. Pulgarcito no perdió ánimo. “Quizá encuentre un medio de ponerme de acuerdo con el lobo”, pensaba. Y, desde el fondo de su panza, su puso a gritarle:
—¡Querido lobo, yo sé de un festín que te vendría mucho mejor!
—¿Dónde hay que ir a buscarlo? —contestó el lobo.
—En tal y tal casa. No tienes más que entrar por la trampilla de la cocina y ahí encontrarás pastel, tocino, salchichas, tanto como tú desees comer.
Y le describió minuciosamente la casa de sus padres.
El lobo no necesitó que se lo dijeran dos veces. Por la noche entró por la trampilla de la cocina y, en la despensa, disfrutó todo con enorme placer. Cuando estuvo harto, quiso salir, pero había engordado tanto que ya no podía usar el mismo camino. Pulgarcito, que ya contaba con que eso pasaría, comenzó a hacer un enorme escándalo dentro del vientre del lobo.
—¡Te quieres estar quieto! —le dijo el lobo—. Vas a despertar a todo el mundo.
—¡Tanto peor para ti! —contestó el pequeño—. ¿No has disfrutado ya? Yo también quiero divertirme.
Y se puso de nuevo a gritar con todas sus fuerzas. A fuerza de gritar, despertó a su padre y a su madre, quienes corrieron hacia la habitación y miraron por las rendijas de la puerta. Cuando vieron al lobo, el hombre corrió a buscar el hacha y la mujer la hoz.
—Quédate detrás de mí —dijo el hombre cuando entraron en el cuarto—. Cuando le haya dado un golpe, si acaso no ha muerto, le pegarás con la hoz y le desgarrarás el cuerpo.
Cuando Pulgarcito oyó la voz de su padre, gritó:
—¡Querido padre, estoy aquí; aquí, en la barriga del lobo!
—¡Al fin! —dijo el padre—.¡Ya ha aparecido nuestro querido hijo!
Le indicó a su mujer que soltara la hoz, por temor a lastimar a Pulgarcito. Entonces, se adelantó y le dio al lobo un golpe tan violento en la cabeza que éste cayó muerto. Después fueron a buscar un cuchillo y unas tijeras, le abrieron el vientre y sacaron al pequeño.
—¡Qué suerte! —dijo el padre—. ¡Qué preocupados estábamos por ti!
—¡Si, padre, he vivido mil desventuras. ¡Por fin, puedo respirar el aire libre!
—Pues, ¿dónde te metiste?
—¡Ay, padre!, he estado en la madriguera de un ratón, en el vientre de una vaca y dentro de la panza de un lobo. Ahora, me quedaré a vuestro lado.
—Y nosotros no te volveríamos a vender, aunque nos diesen todos los tesoros del mundo.
Abrazaron y besaron con mucha ternura a su querido Pulgarcito, le sirvieron de comer y de beber, y lo bañaron y le pusieron ropas nuevas, pues las que llevaba mostraban los rastros de las peripecias de su accidentado viaje.
Era para la decada los años 40 cuando todavía era un adolecente. Recuerdo mucho que mi padre estableció unas reglas en la casa. Para estudio, trabajo y otras disciplinas, todas muy buenas. La contribución de mi madre era notable pues ella respaldaba estas reglas. Para mí, fue el primero y mejor seminario que he tenido en mi larga vida. Recuerdo que estableció una norma para el disfrute de la familia. Esto sucedia todos los fines de la semana.
Los domingos era un día especial. En la mañana íbamos a misa católica a la iglesia que estaba en el centro de la ciudad. Después, nuestro padre nos llevaba a almorzar a una picantería donde toda la familia disfrutaba. Para mi madre; eso era hermoso. Ella era la que disfrutaba mas pues ese día no tenía que cocinar.
El lugar estaba como a una legua de la casa. Era un sitio pintoresco fabricado de adobes y tejas sobre unas ruinas incas de roca caliza. Estaba en una esquina donde dos carreteras se cruzaban frente a un peñón, de 15 pies de alto, que a muchos nos gustaba subir para ver el paisaje de la serranía.
La picantería, un restaurante comedor, estaba rodeado en su exterior de árboles de guayaba, duraznos y manzanas. En el patio en su centro había un gazebo típico donde estaban las mesas labradas de piedra y al derredor de ellas, sillas rusticas de madera con espaldar y asientos tejidos con paja carrizo. De ahí se podía divisar un pequeño lago donde había patos silvestres y cisnes. Más allá, cerca a un batan de piedra estaban las ollas de barro que hervían las mazorcas de maíz. Una sartén de barro tostaba los granos de maíz que nosotros llamamos cancha. Muy cerca había un fogón en la tierra que asaba las papas para el almuerzo del día. Pero lo más importante de éste almuerzo o cena era el famoso charqui cocido en barbacoa sobre unas crucetas de hierro viejo sujetas lateralmente sobre unos bloques de ladrillo. Ahi se cocinaba al carbón el charqui. El charqui es carne de res o cordero secada en lonjas al sol en un proceso especial. No faltaba en la mesa el famoso huacatay (salsa de una yerba molida con rocoto que es un aji picante con especies y limón).
La dueña, del negocio, esposo e hijos servían a los comensales. Lo primero que ponían sobre la mesa era la chicha morada, un refresco muy agradable. Esta bebida era mayormente para los niños. Para los mayores se servía una jarra de chicha de jora. Esta bebida era hecha de maíz germinado y secado al sol. Se fermentaba y la hervían para después ponerla en tinajas de barro por 2 meses antes de su consumo. Los comensales se mareaban con dos o tres vasos.
No faltaba en esta picantería la música de los valses criollos de Felipe Pinglo Alva y la marinera costeña que tocaban en una vitrola de la década de los años 20 con discos duros de 32 pulgadas de diámetro. A veces venían con sus charangos, arpa, flautas y tamboriles. Los clásicos grupos que tocaban huaynitos y marineras disfrutaban con los comensales la sabrosa charqueada.
Al empezar la cena, nos servían ensaladas de cereales y vegetales sazonados con limón y aceite de oliva. Por lo general la ensalada llevaba pallares, garbanzos, berros, rabanitos, mucha lechuga y cebollas y cebollines. Zanahorias hervidas y mucha aceitunas negras bañadas en vino tinto. Después venía el plato principal, el charqui con camote, papas asadas y los sabrosos choclos (maíz verde hervido). En fin para nosotros erá un delicioso banquete que disfrutabamos con toda la familia junto a familiares de los agricultores del área y con viajeros que solían pasar y parar en aquel mesón.
Casi llegando a las 7 de la noche estábamos preparándonos para irnos cuando escuchamos a unos jóvenes gritar; – Ahí están, ahí están –
Yo salí corriendo a ver lo que pasaba y note qué muchas personas habian subido al peñon de la esquina y obserbaban hacia la salida de la Luna. Entre los dos picos nevados del Huandoy, en un abierto cielo, la tenue luz de la Luna alumbraba el desfiladero por donde había montañas de vegetación corta.
Yo también me subí al peñón. Desde ahí pude notar que a lo lejos iban caminando con el puma un animal pequeño que parecía su cría. Pero ésta compañía era rara pues la cría tenía el cuello largo y no se parecia en nada al puma. Entonces el señor Ortiz les dijo yo siempre cuento esta leyenda a los jovenes cuando ven a una vicuña caminar junto con un puma cuando el puma siempre está cazando estos animales para comérselos.
- ¿Por qué no les cuentas estas historias a estos jóvenes? – le dijo el loro que el llevaba en su hombro derecho. Si dijó el canario que revoloteaba por ahí. – Yo también quiero saber –
- Está bien, está bien les contaré -
El señor Ortiz dijo; – pongan mucha atención a esta leyenda jovenes por que esta es una leyenda de amor maternal. Quizás el Puma mate a otros animales pero él y la vicuña son amigos -
Después que todos obedecimos y nos sentamos en el peñón. Solamente alumbrados por la luna llena que también el reflejo de su luz asomaba por las hojas de un hermoso árbol de Capuí. Recostado sobre ese viejo árbol el señor Ortiz acariciando su larga y blanca barba empezó a relatarnos.
- Lo que sucedio segun me contaran mis abuelos que durante el virreinato alla por los años 1622 y hasta finales del año 1698. Muchos españoles buscaban riquezas y se peleaban entre ellos para apoderarse de las ricas tierras que cultivaban desde la época de los incas los indios del Perú. Estas actividades hicieron florecer la agricultura cultivando en el callejón de Huaylas; papas, maíz, calabazas o zapallos frijoles, pallares, ají, maní, quinua amaranto, lúcumas y Ollucos.
- Junto a estos aventureros iban también cazadores de Alpacas y Vicuñas. Estas personas usaban para la caza furtive Mosquetes y Arcabuzes. Despues que mataban a estos animales le sacaban la piel y las juntaban para venderlas en los muelles del Callao a marineros que llevaban su carga a la península ibérica donde recibían buena paga. Pero una noche se acercaba por la arboleda llena de cipreses, abetos, pinos y cedros, una puma hambrienta. Igual que los mosqueteros venía a cazar su presa pero de pronto escuchó disparos y rápidamente el animal astutamente se escondió detras de un pino y observaba como estos cazadores descuartizaban a las alpacas y vicuñas y dejaban los cuerpos inertes y solos se llevaban las pieles.
- Después que se alejaron los cazadores el puma sació su hambre con los despojos que yacían en el terreno. Cerca a ella una inocente vicuña como de 2 meses de nacida permanecia parada ignorando todo lo que sucedía. Entonces la puma pensó; – por qué no llevarme éste animal para después devorarlo con mis crías. Se acercó al bebe vicuña la cogió suabemente con sus dientes de la parte trasera del cuello y se alejó entre los arbustos, llanos y riachuelos. Fué a su cueva y notó que estaba lleno de fango producto de los deshielos y avalanchas que sucedían durante ésta época de verano.
Entro con su presa y empezó a buscar sus crías. No estaban parece que con la lluvia y el fango, temerosos y con hambre, salieron sin pensar en el peligro que corrían las pequeñas crías. Lamentablemente sus crías se cayeron por el desfiladero y yacían muertas en las cercanías a los eucaliptos en la playa del río.
La madre Puma bajo y trató de moverlos a ver si todavian vivian y al ver que no se movían regresó con paso lento y la cabeza extremadamente agachada. Llegó a su cueva y se recostó a descansar pero la tristeza de la pérdida de sus hijos queridos le inundo ojos y lágrimas goteaban por su peludo rostro.
La Vicuña que estaba hambrienta y con sed empezó a lamer el rostro de la puma y sin temor se acostó entre las patas del feroz animal. Sintió olor a leche. Las ubres de este animal le hacia presión y por ello salían gotas de vida, gotas de amor maternal.
La vicuñita hambrienta al sentir el olor a leche fresca se pegó a una ubre y empezó a alimentarse ordeñando a la puma. El amor maternal de la puma hizo que con sus patas acercara al fragil bebe y durmiera toda la noche más tranquila.
Al dia siguiente la vicuña seguia alimentandose de su madre adoptiva que esta vez la protegía. Una noche les dijo una lechuza; – “Escuchadme amigos nuestro dios Inti me encargo les dijera que por esa acción tan maternal ustedes caminaran juntos por los andes protegiéndose y como buenos amigos.
Don Pascual es un campesino que cuidaba de rosales con rosas de color rojo carmesí, blanco y amarillo. Vestía Don Pascual el clásico ropaje del cortador de caña en época de zafra; pantalón gris y camisa de color blanco. Llevaba sombrero de paja de ala ancha y machete al cinto. También echaba abono a los 3 cercanos árboles; el aguacatero, el mangó y la huanabana que daban frescura y adornaban el lugar amen de los frutos que de ellos recibía. Acompañaba a Don Pascual en esta tarea su perrito sato llamado Tarzan. Junto con los pajaritos y las mariposas que revoloteaban el solar.
Doña Viviana, dueña del jardín, mostraba admiración por Don Pascual y cuando salía de compras traí abono para que él lo usara y se lo daba con gran amor.
Un día Doña Viviana se levantó temprano y por entre las cortinas de la ventana miró los rosales. Notó que ya no estaba el árbol de mangó, el aguacatero y el de guanábana. No estaban ni los pajaritos, ni las mariposas, el terreno estaba lleno de hojas y entre ellas estaba un nido desbaratado y huevitos partidos de un colibrí que con amor recogía pedazos del cascaron.
- ¡Don Pascual, Don Pascual ¡ ¿Que pasó aquí? Porqué ya no están los árboles amigos de los Rosales – preguntó Doña Viviana
- Señora, los cortaron para usar ese espacio y hacer un camino. –
- Por lo menos dejaron los rosales y el rocío de la mañana mojaron sus hojas –
- No Doña Viviana, no es el rocío son lagrimas de dolor que brotan de el corazón de los Rosales y bajan por entre las ramas y las espinas. Llegan hasta la tierra pidiendo explicación – dijo Don Pascual
Doña Viviana se puso triste y preguntó a don Pascual; – ¿Que podemos hacer? –
- No creo que podamos hacer algo – dijo don Pascual y cabizbajo con su sombrero en la mano se alejó. Iba al lado de el también muy triste Tarzan
Todo ésto escucharon los rosales y le dijeron al colibrí que por ahi volaba.
- Colibrí, colibrí: llama a Doña Viviana; dile que nosotros los rosales queremos hablar con ella.
El colibrí sorprendido, levanto vuelo y fue a casa de la señora.
- ! Doña Viviana!,! Doña Viviana!- las rosas quieren hablar con usted.
Al ver el llamado de las plantas; salió corriendo y se paró frente a los rosales y ellos en coro le dijeron: – Señora porqué no habla con Don Roberto Hayes; director del jardín botánico el nos puede ayudar -
Doña Viviana fue al día siguiente a ver a don Roberto. El escuchó su reclamo; – admiro que personas como usted amen las plantas del planeta – Don Roberto continua – Mañana llevaremos arboles pequeños de nuestro vivero y volveremos a sembrar cerca de los rosales.
Al dia siguiente se presentó personal del jardín Botánico y ambiental. Llegaron con picos y palas, traían arbolitos pequeños de aguacate, mangó, guanábana y hasta un flamboyán. Empezaron a cavar y a sembrar.
Don Pascual se puso alegre, dio gracias a Doña Viviana por su hermosa idea y ambos dieron gracias a Don Roberto. Una llovizna caía desde el cielo mojando a los recien llegados y nuevos vecinos sabiendo que estos arbolitos algún día darán sombra y embellecerán el lugar.
Era el verano de 1943, un poderoso terremoto destruyó gran parte de los pueblos del Callejón de Huaylas (llamado así por las tribus de indios que existieron en ésta área) en la cordillera de los Andes, donde asentaban ciudades ricas en agricultura, ganadería y muchas minas.
Una de ellas es Caraz, ciudad hermosa en el valle del rio Santa, con una vista preciosa del nevado del Huandoy. Doña Juana Torres Tejada y don Eduardo Méndez Milla junto a mis dos hermanos y dos hermanas vivíamos en la calle Yanachaca de ésta ciudad. Nuestra casa hecha de paredes de adobes se derrumbó y el segundo piso se vino abajo y hacia al frente. Prácticamente cerró las entradas de la casa y se nos hizo muy difícil salir. Gracias a los ladridos de nuestro perro Pive, los vecinos nos escucharon y pudieron sacarnos al tercer día. Toda la familia se salvó pero la casa sufrió casi una destrucción total.
Mi padre con otros voluntarios levantaban cadáveres que el rio arrastraba hasta las orillas para después depositarlos en fosas comunes. Otros sobrevivientes se dedicaban a recoger sus pocas pertenencias que les quedaba. La electricidad que venía de una pequeña central hidroeléctrica. Los generadores se afectaron y el pueblo se quedó sin luz y agua por muchos meses. Toda la gente se quedaba como huérfanos del destino. Por la empedrada calle de Yanachaca se escuchaban los gritos de niños y personas que iban al rio a ver si un familiar encontraba.
Triste regresaban pero traían en unos bolsos papas que el rio dejaba en la orilla. Con esto aplacaban el hambre que ya empezaba a sentirse y los sobrevivientes nada tenían para alimentarse. Porque todos los caminos estaban cerrados y no había comunicación con nadie. Las líneas de teléfono y del telégrafo estaban destruidas al pasar la avalancha de fango y agua, arraso con los sembradíos de papa y lo único que flotaba eran estas legumbres que no solo se quedaban en la orilla, sino que germinaban en el fango.
El alcalde de la ciudad, señor Fernando Malaespina, reunió a todos los habitantes de la ciudad, en la plaza de armas. Quería que tuvieran calma y que lo escucharan para todos como una sola familia trabajáramos ayudándonos los unos a los otros. Pronto llegará de Lima alimentos y pertrechos para reconstruir la ciudad. Y continuó diciendo;
- El presidio de esta ciudad se ha derrumbado. El edificio ha perdido todo los alimentos que teníamos en el almacén y la cocina se ha desmoronado. No hay quien prepare alimentos a 31 presidarios que llevan 5 días sin salir y comer nada. Yo necesito una persona voluntaria que les cocine y les lleve agua. A la persona indicada quiera hacerlo le proveeré lo poco que nos queda en la alcaldía como; papas, maíz, frijoles, harina de maíz y avena para hacer pan.
Todo el mundo se quedó en silencio. Algunas personas decían que se pudran y así paguen por todo el mal que hicieron a la sociedad. Nadie levanto la mano para ofrecerse para dar este servicio. Solamente una diminuta mujer levantó su mano derecha, era mi madre. Y dirigiéndose a todos los ciudadanos y al alcalde dijo;
- Todos estamos pasando por una situación difícil todos queremos comer, queremos vivir ellos están en una cárcel. No pueden vivir sin alimentos. Estamos aquí para dar vida y por eso, yo voy a mi casa a prepararles la cena. Este no es momento de juzgarlos. La actitud de valentía y amor al prójimo sorprendió a todos los que le escucharon y silenciosamente se retiraron.
Mi madre y yo nos fuimos rápidamente a casa. Papá nos estaba esperando, fumándose un habano.
- Eduardo – dijo mi madre dirigiéndose a mi padre – Mezcla la harina de maíz y avena que vamos hacer pan. La levadura está en la repisa de la alacena. Pon leña en el horno de ladrillo y haremos pan de chuno (harina de papa) y asaremos papas. Yo me encargaré de hacer un puchero con carne de cordero y calabaza. Gracias a Dios que en la colca tenemos muchas papas que también podemos usarla cuando no hay pan, mas tenemos chuno y papa seca;que siempre guardamos para emergencias como esta. Manuelito y yo le entregaremos papas a nuestros vecinos que se quedaron sin nada. Gracias a que tuvimos una buena cosecha este año y después llevaremos alimento a 31 presidarios con nuestra mula Lucero. Mi padre, un hombre muy severo y estricto exclamó;
- Juanita como te atreves son unos delincuentes. ¿Tu sabes el riesgo que estas tomando? Esta tarea es muy peligrosa –
- Eduardo, me ofrecí voluntariamente al alcalde para llevarle alimento a estos presidarios. No podemos dejarlos morir. -
Pensativo, mi padre se dirigió hacia el horno y empezó a hacer fuego con la leña que yo llevaba. Después que esta se convirtió en carbón. La removió del horno y empezó a hacer pan.
- Ah Juanita, eres una gran mujer – decía a medida que horneaba la masa.
En casa había una india llamada Yasinai. Vivía con nosotros y ayudaba a mi madre con la limpieza de la casa y trabajaba en la cocina.
- Yasinai, traedme una pierna de cordero que está en una bañera vieja llena de trozos de hielo que me trajo don Julián de los nevados del Huascaran
A las 6 de la tarde estaba el puchero que depositamos en dos ollas grandes de porcelana, la cerramos cuidadosamente y las pusimos una a cada lado de nuestra mula lucero. Yo llevaba el pan que había horneado mi padre. Yasinai llevaba cancha (maíz tostado) y peras que habíamos recogido del huerto de nuestra finca y papas asadas. Cuando llegamos a la cárcel nos hizo pasar el comisario. El fue el primero en servirse y también los dos carceleros. Los prisioneros abrazaban a mi madre llorando y muchos de ellos se arrodillaban besando su pollera en agradecimiento de esta noble causa.
El párroco de la iglesia que estaba orando al sentir el olor a puchero bendijo a mi madre y con un cucharon de madera. Procedió a servirse. Todos los hombres que estaban en la cárcel preguntaron;
- ¿Nos seguirán trayendo estos alimentos, Señora?
- Todos los días – dijo mi madre – hasta que el alcalde repare la estructura del edificio y la cocina y hayan nuevos empleados. –
Otras personas se unieron a mi madre llevando a los prisioneros medicinas como; botellas de yodo, aspirinas, quinua, quinina, jabones y muchos libros.
Después de 3 semanas el señor alcalde fue a la cárcel. Mamá y yo estábamos al lado de 29 prisioneros. Dos habían muerto por el rigor del frio y las enfermedades producidas por el cataclismo pero dejaron cartas de agradecimiento dirigidas a mi madre por su noble acción.
El señor alcalde refiriéndose a los presidarios les dijo lo siguiente;
- Ustedes nunca pensaron que iban a pasar por estos momentos tan difíciles. Doña Juana no pensó en ustedes como presidarios. Pensó en salvarles la vida porque según ella Dios le dio un Corazón para amar al prójimo. Con esta actitud representa el valor humano.
Los Cuentos de Eduardo Méndez nos enseñan cómo lograr un lugar en la sociedad sin perder la verdad del corazón.
San Juan, Puerto Rico. (PRWEB) Septiembre 29, 2010 – Eduardo Méndez escribe el cuento para niños; “Julio Conejo”, un personaje con características faciales parecidas al Gobernador de Puerto Rico. En Julio Conejo el protagonista es un ágil jugador de baloncesto con un secreto y talento particular.
Este es el primer cuento del segundo manuscrito de Eduardo Méndez, octogenario peruano, ciudadano americano y residente de la isla, que ha conseguido el sueño americano en Puerto Rico. Eduardo Méndez, de 82 años de edad, escribe sus cuentos basándose la historia latinoamericana y sus vivencias.
Su primer libro, El Mango de Pascuas y Otros Cuentos de CheoChinPun, ha sido recomendado por Irma Garriga de Santini, Primera dama de San Juan, Puerto Rico. Ella dice sobre uno de los cuentos de El Mango de Pascua;
- “Papá Noel en Puerto Rico cultiva valores de mucha importancia como, por ejemplo, el cuidado entre los seres queridos. Lo felicito por todos los logros que ha alcanzado hasta el momento y también por tener el genuino interés de promover la lectura entre los niños y niñas de Puerto Rico”
A lo largo de los diversos relatos de El mango de Pascua y Julio Conejo se transmiten los valores morales del esfuerzo personal, la honestidad, la bondad, la inteligencia y la capacidad de inventiva, que hacen posible sobrevivir a las situaciones complicadas de la vida y realizar, al fin, el anhelado sueño americano.
En cierto modo, los cuentos de Eduardo Méndez representan un pequeño manual de supervivencia, en donde se nos enseña el cómo lograr un lugar en la sociedad sin perder la verdad del corazón. Una diversidad de tradiciones literarias se unen, pues, en esta colección de cuentos: las leyendas milagrosas, las fábulas morales, los relatos de viajeros, las fuentes amerindias, el imaginario occidental…. Todas ellas se enriquecen entre sí.
El su segundo libro Eduardo introducirá nuevos cuentos con personajes fantásticos de descendencia latina.
- “El propósito de estos cuentos es de ayudar a los niños desde temprana edad a interesarse por su cultura latina y la historia de sus raíces” – elabora Don Eduardo – “Julio Conejo representa a nuestros líderes. Lideres que definirán nuestro futuro a través de la educación de nuestros niños. Nosotros, los líderes del presente tenemos que ayudar a promover el estudio, la dedicación y la lectura de todas las formas posibles para que nuestros niños valoren, protejan y enriquezcan nuestra cultura.
Audiencia
Público en general, particularmente niños de 9 a 12 años.
Eduardo Méndez nació en el pueblo de Caraz, Perú y se educó en Lima. Desde niño Eduardo escuchaba las narraciones de su padre, Eduardo Méndez Milla, viajero incansable. Los relatos de las aventuras de su padre abrieron la imaginación e interés del pequeño Eduardo. De ahí surgió su interés y estudio de la historia del mundo, geografía, ciencias y escritura se convirtieron en su mayor entretenimiento. Eduardo (CheoChinPun) Méndez está disponible para comentarios o presentaciones en público.