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Julito Y Su Mascota Meloso




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Julito era un niño curioso y alegre de 7 años que vivía en un apartamento junto a su mamá. Hijo único de Doña Viviana. Un día Julito se sentía muy solo y decidió pedirle a su mamá un mascota; – !Mamá!  ¿Porque no tenemos una mascota? –

Doña Viviana le explicó porqué;

-          Julito, yo trabajo todos los días y tu papá ya no está conmigo. Tengo una responsabilidad muy grande de cuidarte a ti y tener una mascota aumentaría esa responsabilidad. Yo quisiera complacerte pero en éste lugar no nos permiten tener mascotas.

Doña Viviana después de decirle la razón porque no tenía mascotas. Besó a su hijo, lo abrazó y siguió hablando; – Me voy al trabajo. Pronto llegará el autobús que te llevará a la escuela. No te olvides de desayunarte te hice panqueques y avena.

-          ! Bendición mamá! –

-          Que Dios te bendiga –

Julito se quedó triste, cabizbajo, mirando las 3 porciones de panqueques con melaza de caña que estaban en el plato. Lloroso empezó a comer. De pronto entró corriendo un ratoncito por la ventana del comedor. Dio un salto y cayó en el plato llenándose de miel. El ratoncito trató de caminar pero se resbalaba por toda la mesa.

Julito lo tomó entre sus manos con cariño y también se le resbaló de sus manos. Por toda la mesa iba gritando el ratón; – El halcón, el halcón –

Julito volvió a tenerlo en sus manos y le preguntó; – ¿qué te pasa? Corres como si hubieras visto a un fantasma -

El ratoncito se sintió en confianza y exclamó; – Ayúdame. Protégeme. El halcón me persigue –

-          ¿Dónde está? — preguntó Julito

-          Está en el balcón esperando que yo salga –

-          Voy a decirle que tú no estás aquí – Se dirigió al balcón y vio aquél pájaro de alas anchas, cabeza blanca y pico como tenazas de herrero.

-          ¿A quién esperas? – le preguntó Julito

-          Al ratoncito. Esta vez no se me va escapar –

-          No está aquí, se fue por la ventana del dormitorio –

-          Lo seguiré hasta hacerlo mi presa – dijo el halcón y se alejó volando

-          Gracias Julito – dijo el ratoncito

-          Te voy a dar un baño meloso –

-          ¿Porque me llamas meloso? –

-          Porque al caer sobre mi plato te embarraste de tanta miel y por eso te puse ese nombre. De ahora en adelante serás mi mascota.

-          Entonces quítame toda esta miel de mi cuerpo porque si las hormigas me encuentran harán de mi, manjar dulce de ratón.

Julito agarró a meloso y le dio un buen baño y después de secarlo con una de sus toallas lo metió en una de sus medias en una esquina de su cama.

-          Esta será tu casita meloso, cuidaré de ti y te traeré alimento – dijo Julito – Meloso en éste apartamento no permiten mascotas y no quiero que mamá se entere, ni los vecinos que tu estas aquí. ¿Tú me quieres,  Verdad? –

-          Sí, te quiero mucho, ahora eres mi amigo, mi mascota. Cuando tú estás conmigo estudiaré con más interés, no me sentiré triste.

! Bravo! Extendiendo su pata derecha le dijo; – chócala – Julito le dio su mano derecha y así sello su amistad.

Pasaron unos cuantos días. Julito sintió unos ruidos extraños. Se asomó por la ventana y vio varias personas con cascos amarillos que protegían sus cabezas y se colgaban del inmenso flamboyán que estaba en la loma cerca de su casa. Con una sierra empezaban a cortar las ramas y escuchó un aleteo. Era el halcón que había estado antes preguntando por Meloso.

Julito, Julito – llamaba el halcón.

-          El ratón no está en mi casa, ¡vete! – dijo Julito enfadado.

-          No Julito, vengo para que me ayudes. Mira, en lo más alto de un flamboyán, entre unas ramas está mi nido y ahí están mis dos pichones. Ellos no pueden volar. Ayúdame.

-          Ya era tarde, los trabajadores se fueron pero regresarían el día siguiente para terminar de cortar el árbol.

-          Te ayudaré – le dijo Julito – pero necesito la ayuda del ratón –

-          ¿Del ratón? –

-          Si, si. La ayuda de meloso. Ahora es mi mascota. Prométeme que no le harás daño

-          Te lo prometo –

Esa noche cuando ya se habían ido los trabajadores, Julito subió al flamboyán usando una larga escalera y llegó hasta el nido. Miró los pichones y les dijo; – voy a dejarlos con meloso el cuidará de ustedes hasta que yo regrese. Vuestra madre los espera -

Y dirigiéndose a meloso dijo; – le voy a regresar con un canasto. Cuida a los pichones -

Meloso con su rabo los acariciaba y el halcón miraba hacia el flamboyán sabiendo que aquel ratoncito amor daba a sus crías.

Con bastante esfuerzo llegaba Julito con la canasta. Puso el nido en la cesta y le dio comida a los pichones. Bajó hasta el callejón de salida que lo llevaba a su casa. – Colocó el nido con los pichones entre las ramas de un pino. Donde la luz de la luna llegaba y esta sonriente miraba al halcón viendo a sus crías en un lugar seguro. Agradeció a Julito y en su pico trajo un pedazo de queso holandés que obsequió a meloso y así ganó la amistad de éste ratoncito de buen corazón.

Cuando llegó el día de la amistad, el 14 de febrero, lo celebraron cantando todos juntos, Julito, meloso, el halcón y sus crías, “Bello amanecer”.

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