El Coquí de Madagascar

Golden coqui / Coquí Dorado



Titán, perro sato caminaba por la playa de Toa Baja en Puerto Rico y vio que una lancha se acercaba a la orilla. Remando venía un solo tripulante que al llegar a la playa hecho a un lado los remos y empezó a arrastrarse por sobre la arena. Queriendo apagar la sed provocada por la fiebre que lo castigaba cogió unas hojas color verde esmeralda de uvas playeras y se lo llevó a la boca. Pero no complació su sed. Abrió los ojos mirando al cielo y exclama; – agua – Delirando estaba

¿Qué es lo que quieres amigo? – preguntó Titán.

Está pidiendo agua – dijo el Coquí dorado que salto de una palma.

Un guaraguao pasaba volando y se enteró de la situación. Se alejó y después regresó con un candungo lleno de agua para el recién llegado. Lo observo y con su pata derecha tocó su piel.

-          Está enfermo y delicado tiene fiebre y hambre – dijo el guaraguao – parece que unos mosquitos lo han picado.

-          Yo voy a traer pastillas de quinina y frutas – dijo Titán

-          Yo voy a traerle casabe (Pan de mandioca) y queso – dijo el guaraguao.

Por casi 10 días Titán, el coquí y el guaraguao cuidaron al marinero. Hasta que él se curó.

El marinero empezó a hablar;

-          Gracias por salvarme la vida. Yo soy de Madagascar, una isla separada del continente Africano por el canal de Mozambique. Los habitantes y los animales disfrutábamos de la sombra de los árboles que tenían frutas de ricos sabores, esparcidos por los bosques y  riachuelos de las aguas cristalinas.

-          Nuestro país es parecido a esta islita. En mi país, las mesetas están cubiertas de flores y la brisa que atraviesa la cordillera central crea una música celestial nativa. Todos éramos felices, nuestra tierra parecía un pedazo del paraíso. Pero, llegaron hace algunos años unas barcazas con muchos indonesios. Estos hombres cortaron los árboles, hicieron sus casas y sembraron arroz por todos los valles. Para nosotros era un alimento nuevo. Mi padre se alegraba mucho al trabajar con ellos pues ganaba buen salario y nunca faltaba el arroz en casa. Pero siempre él y los trabajadores estaban enfermos.

-          ¿Cómo te llamas? – pregunto el Coquí.

-          Me llamo Ziarsin. Soy hijo de uno de los reyes de Madagascar llamado Zafro, conde de Mozambique y jefe de uno de los estados del norte del país.

-          ¿Cómo llegaste aquí? – preguntó Titán

-          Desde que llegó el sembradío de arroz. Los trabajadores de los terrenos de mi padre siempre estaban enfermos. Muchos murieron y mi padre preocupado me envió en un navío con otros marinos a conseguir información en otros países. La cura para salvar a nuestra gente. Durante el viaje todos los marineros murieron y yo fui el único que pude salvarme. También tengo esa enfermedad y gracias a ustedes estoy mejorando

-          ¿Cómo ustedes me pueden ayudar? – preguntó Ziarsin

Me parece que la enfermedad que tú tienes es producto de las picadas de mosquitos que abundan en las charcas de agua, en los sembradíos de arroz – dijo el Coquí dorado

-          ¿ Ustedes pueden ir a mi país? – dijo Ziarsin

-          No podemos viajar en velero. Es muy lejos para nosotros – dijo Titán.

El guaraguao que también estaba escuchando dijo; – Por qué no le preguntamos al mago Yuqueque de Guayama.

-          Ve tú y explícale de este caso. Sé que te va a dar una solución certera.

Yuqueque al recibir la noticia dijo lo siguiente; – Yo pediré a los dioses del viento y la bruma. Que envuelva en una nube al coquí dorado, los transporte a través de los mares y continentes hasta llegar a Madagascar. También puede ir Titán. Tu volando iras con ellos.

Llego el día indicado por el mago para viajar a Madagascar. Ziarsin estaba saludable y ansioso de partir hacia su país y sabía que al ir con los coquíes estos acabarían con gran parte de los mosquitos.

De pronto se sintió truenos y relámpagos, empezó a llover y entre las oscuras nubes se apareció el mago Yuqueque con una larga y flexible escalera.

-          Suban rápido a esta nube y vayan alojándose al final del túnel, hay asientos para todos. Sube tú también titán. ¿Dónde está el guaraguao? – pregunto el Coquí dorado.

-          Él es el guía que ira volando, mostrándonos el camino – dijo Yuqueque.

A Madagascar iban 50 familias de coquí dorados.

El rey Zafro de Mozambique esperaba ansioso en las mesetas del norte, junto a los trabajadores de los sembradíos de arroz. Querían saber si Ziarsin traía la solución para la cura de sus enfermedades.

Cuando llegaron los coquíes Ziarsin dijo a su padre – Estos coquíes acabaran con gran parte de los mosquitos y ya no sufriremos de esta malaria –

Los coquíes empezaron a penetrarse por todos los valles y por las charcas y en pocos meses se redujeron las enfermedades. Ziarsin y el rey Zafro obsequiaron a los coquíes, Titán y el guaraguao la llave de la ciudad.


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