Tropical, El Perrito Karateka

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cuento infantil - tropical el perrito karateka
tropical el perrito karateka

Había una vez, un pequeño perrito sato, se peleaba con perros grandes en el estacionamiento de un restaurant por mendrugos. Se batía como un karateca de cinta negra golpeando a los grandes con la cabeza, les daba patadas y los remataba con fieros mordiscos. Los perros se alejában despavoridos de aquel lugar. Nos llamo la atención la valentía de este perrito realengo, parecía que defendía con gran celo el lugar donde conseguía sobras para comer; el estacionamiento del restaurante Pollo Tropical.

Pesaba unas diez libras y tenía las patas del frente torcidas como botas de vaquero. Tenia llagas en toda la espalda, como si alguien le hubiese echado agua caliente para alejarlo permanentemente de su vida. Todavía conservaba un collar de pequeña placa, con la información borrosa de donde vivían sus últimos dueños. Una nube azul cubría su ojo izquierdo, solo veía por el ojo derecho. Nos quedamos mirándolo. Él se acercó a nosotros e inclinó la cabeza a la izquierda, y con el único ojo bueno que tenía nos miró. Sentándose sobre sus patas traseras nos dijo;

–   Que bonito auto, ¿hay espacio para mí?

Todos saltamos del asiento pues nunca habíamos escuchado hablar a un perro. Mi hijo mayor le preguntó,

–   ¿De verdad que puedes hablar?

–   ¡Ay bendito! – dijo el perro – por eso mis dueños me botaron, porque ellos pensaban que estaba embrujado. Empece hablar al año de nacido, pero también ladro y soy un buen guardian.

Mi hijo mayor me preguntó; – ¿nos lo llevamos a casa?. Yo lo quiero y lo admiro, es un animalito extraordinario. Todos estuvimos de acuerdo, por consiguiente lo cargamos y llevamos hasta nuestro auto.

–   Esta bien, te llevaremos – le dije – somos cinco en la casa y te vamos a cuidar.

–   Por lo menos voy a tener un hogar. Ahora duermo debajo de un puente o debajo de los autos y estoy expuesto a ser atropellado por uno de tantos vehículos.

Hablando así parecía que estaba cansado y se quedó dormido en mis brazos. Mientras tanto, pensabamos en que nombre ponerle. Yo sugerí Quasimodo.

–   Papá, – me dijo mi segundo hijo – ese nombre es muy frío. Además él no tiene una joroba.

–   Pongámosle pirata – comentó mi hijo mayor – Aunque él no tiene pata de palo.

En ese momento mi hijo menor dijo – mejor pongámosle por nombre Tropical. El perrito se levantó moviendo su cola y diciendo – ese nombre me gusta, además es muy boricua.

Lo llevamos a la casa, lo bañamos y le compramos un collar con un medallón con su nombre, el teléfono de nuestra casa y la dirección. Luego, lo pusimos en el patio, y le mostramos una casita de madera que antes había sido de otro perro.

–    No es nueva, pero en las frías noches de invierno te pondremos una alfombra para que te abrigues – le dije mirándolo con cariño – ¿Te gusta, Tropical?

–    ¡Claro que sí! – respondió – además voy a tener de compañia a ese negro.

–    Ese perro negro se llama Cariñito y esperó que sean muy buenos amigos.

–    Parece un perro de alta alcurnia.

–    No, – le respondi – él es sato como tú. Cariñito llegó un día que mi esposa y yo estabamos hablando y mirando hacia la calle. Sentados en unas mecedoras en la marquesina vimos pasar a una perra con siete perritos. Tendrían como dos meses de nacido y de todos los que iban, el último casi no podia caminar; se veía enfermizo.

–    ¿Y que pasó? – preguntó Tropical

–    Mi esposa Gladys me dijo que cuidaramos de ese pequeño perrito que tenía problemas para caminar. Cuando lo recogimos estaba flaquísimo. De inmediato le dimos leche, lo bañamos y le sacamos como ciento ochenta garrapatas y lo curamos.

–    ¡Ay bendito! – dijo Tropical – ¿Y a mí cuantas me han sacado?

–    Como dieciocho garrapatas – le respondí.

–    Puedes estar seguro que se me pegaron de esos perros sucios con quienes me peleaba.

Notando que Tropical todavia guardaba rencor a los perros callejeros, aproveche para interrumpirlo y decirle que le ibamos a curar las heridas de la espalda, ponerle vacunas y darle un purgante para que bote las lombrices. Él se calmo y contento se fué a su casita. Esa noche, de vez en cuando, lo escuchabamos ladrar.

Al día siguiente fuí a darle su primera comida y me díjo; – Gracias el plato es bonito y me gusta el color. Esa comida seca es para perros de hogar. De vez en cuando dame una chuletita por el lado, con hueso y todo, o un pedazo de pollo. Despues pregunto; – yo estoy confundido; anoche me pase ladrando y el manganzón de Cariñito ni siquiera dijo Guau Guau!. Después me encontré con otro perro y trate de hacerme su amigo pero note que era lento no tenía pelo, como los perros. Trate de jugar con él y escondió su cabeza. Después de brincar  un rato alrededor de él traté de morderlo para que me hiciera caso y me di cuenta que tiene el pellejo tan duro como un yunque.

Tropical – le respondí – Cariñito es un perro sordo y mudo.

– ¿Qué significa ser sordo y mudo?

– Él no puede oir ni ladrar – le expliqué – pero ya lo conocerás mejor, es muy noble. Con relación al otro perro que tiene la espalda dura y no tiene pelos; la razón es muy simple. Es una jicotea.

–   ¿Y donde encontraron ese perro tan raro?

–   No es un perro, sino otro animalito que Dios creó. Como los que vuelan,  que son pajaritos, y como los peces que viven en el agua. Dios también creó los árboles, los rios, las montañas, el mar, el cielo a tí y a mí.

–   ¿Cómo aprendistes a hablar, Tropical? –

En ese momento Tropical se acordó de sus dueños anteriores. Ellos tienen un hijo de cuatro años con quien Tropical jugaba.

–   Un dia, el niño se trago una sevilla de quenepa y se quedo en la cama algo trinco. No podía hablar – cuenta Tropical con angustia – Los padres, sin saber que hacer, corrían de un lado a otro. Yo ladraba pero nada podia hacer hasta que subi a la cama y empujándolo hacia el borde de la cama, el niño cayo al piso. Con la caída, el niño boto la semilla que lo estaba adfixiando. Los padres vieron al niño que ya estaba respirando y lo tomaron entre sus brazos. Exclamaron gracias a Dios. Cuando me acerque al niño, el padre me dio una patada y me echaron fuera de la casa.

–   Intente regresar varias veces. Cada vez que me encontraban jugando con Josue, me botaban a escobazos. Josue lloraba sin entender porque ya yo no podía jugar con él. Aparentementente, sus padres me culpaban por el incidente de la quenepa.

–   Un dia, regrese a la casa y camine por todos los cuartos. Mis dueños se habian ido al estado de Colorado y me habian abandonado. Entonces recordé las palabras mágicas que salvaron al niño, las que dijeron mis patrones, “Gracias a Dios”. Pensé, que si yo pudiera hablar preguntaría: ¿Dónde esta Josué?.

Me quedé dormido cerca a unos drones de basura cerca de un restaurante de comidas rápidas. Al rato, cuando vino el camión de basura, un basurero me empujó a un lado. En vez de ladrarle le empecé a hablar;

–     ¡Qué pasa amigo la calle es de todos! – le cuestioné al hombre que se quedo petrificado al oirme hablar. El pobre hombre salió corriedo gritando

–     !Hay brujas, hay brujas; este lugar esta embrujado! –

Ahora estoy con ustedes y se que me van a tratar bien. Acariciándole su pequeña cabeza le dije;

–   Por supuesto Tropical, tú ya perteneces a nuestra familia.

Pasaron unos días y nuevamete Tropical se acercó a mí.

–   Don Eduardo – me dijo – que lugar tan raro es este. Ayer cuando ustedes me dieron la comida en ese plato azul, que parece gorra de marinero volteada al revés, estaba comiendo junto al manganzón de Cariñito y la tortuga y de pronto aparecio otro perro. Esta vez, en vez de caminar lo que hacia era saltar,. Era un tipo con cuerpo cuadrado y tenia una boca grande; parecía buzón de cartero. Yo trate de espantarlo y me escupió en el único ojo que tengo bueno y por tanto me aleje.

–   Después que todos terminamos de comer el cuadrado se acerco. De dos bocanadas se comió las sobras que dejamos. Parecia que tenía mucha hambre.

– Tropical, lo que tu vistes anoche no es un perro cuadrado es un sapo concho.

– Don Ed, ¿de ahora en adelante, el concho comerá con nosotros tambien?

– Tropical, ¿porqué me llamas Don Ed?

– Ah!, Porque aqui las palabras las acortan o las alargan. El otro dia, cuando me llevaron al veterinario, este dijo;

– Chu, el “Dog” de Don Ed tiene lastimado el exterocleidomastoideo-

– ¿Porqué no dijo?; Jesús, el perrito de don Eduardo tiene el cuello lastimado – preguntó Tropical.

Después de varias semanas viviendo con nosotros Tropical me llamo un dia.

– Don Ed – me dijo – yo soy feliz en este lugar. Aqui puedo correr por todas partes, jugar con el Negro, con la tortuga y con el concho. Duermo la siesta y tengo muy buena comida. Hasta vitaminas me dan para verme lindo y saludable. Gracias don Ed, a usted y a su familia… y por supuesto al de alla arriba, a Dios.

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