La Iguana De Yauco

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cuentos para niños cortos La Iguana De Yauco
cuentos para niños cortos, La Iguana De Yauco

Fue una noche de verano que llego a casa, Pascualito Rivera. Venia de la base militar que estaba en el puerto de Colón en Panamá. Tenía el grado de sargento obtenido en el ejército de los Estados Unidos. La guerra de Korea había terminado. Orgulloso, caminaba con su uniforme verde olivo  dirigiéndose hacia la casa de madera de sus padres en Yauco. Subió al balcón de la casa, se paró frente a la puerta principal y tocó con gran emoción. Salió la abuela Yuya. Al verlo, sorprendida y con un emotivo abrazo le dijo; – Bienvenido a casa Pascualito y que Dios te bendiga mi hijo. Luego llamo a toda la familia. – Al escuchar el llamado de la abuela se presentaron los padres y hermanos de Pascualito. Todos lo abrazaron llorosos de alegría. – El hermano mayor Pepe, tomó la maleta que él traía. Su otro hermano Tato, ayudo cargando la mochila y su hermana Susan, se apresuró a tomar la jaula que traía en su mano derecha. Juntos llevaron las pertenencias del recién llegado a su cuarto.

 

Curiosa, Susan levanto la toalla que cubría la jaula y salió corriendo.

–          ¡Papa, Mama, Pascualito ha traído un lagartijo gigante –

 

Dona Petra y don Paco fueron a ver al lagartijo. Toda la familia observo el animalito.

Don Paco le pregunto a su hijo; – ¿De dónde traes ese animalito? –

–          Es una mascota Papá. Me lo regalaron en Panamá. Es una iguana.

–          ¿Dónde lo vamos a tener? – dijo abuela Yuya

–          Yo le voy hacer un espacio en la finca donde hay mucha yerba, ese es su alimento.

–          ¿No molestara a las gallinas que criamos? – preguntó dona Petra

–          Estos animales son tranquilos y todavía crecen más. Por eso lo tendré alejado de la casa. Yo me encargare de cuidarlo.

Un día le hicieron un homenaje a Pascualito en la plaza de Yauco. Celebrando con sus amigos brindó con vino y ron del país. Mareado llegó el amanecer a su casa y se quedó dormido en el balcón.

El alcalde del pueblo fue a saludarlo y se encontró con la iguana al lado de él.

–          ¿Con quién quiere hablar? – preguntó la iguana

–          Con Pascualito – respondió el alcalde

–          Está durmiendo pero yo puedo atenderlo.

–          Todo el pueblo quiere a Pascualito pero están comentando que el trajo de Panamá un dragón de Komodo y ya en la escuela los niños están asustados y los profesores preocupados.

–          No es cierto señor alcalde, el me trajo a mí. Yo no soy un dragón, soy una iguana

–          Pero tú eres un lagartijo grande – dijo don Rafael, alcalde de Yauco – y puedes hacer daño  a la agricultura. Aqui sembramos café y otros frutos –

–          Yo no tomo café, tampoco me como los granos ni daño los arbustos del café. Pero yo sí puedo ayudarlos a ustedes a limpiar los alrededores de las plantas de café, comiéndome la grama. Mis patas también las usare para remover la tierra, para nuevos sembradíos y con mi cola espantare a los mosquitos Pueden pagarme con un guineo o con un hobo mi trabajo de un día. Cuando los niños me vean trabajando se alegraran y aprenderán que para ganarse un guineo hay que trabajar. Así, se verán motivados a servir a su pueblo.

Cuando Pascualito despertó se dio cuenta que la llegada a su casa por el alcalde había sido un sueño. Pero él quiso saber si su mascota no iba a afectar los cafetales y junto con el fueron los alumnos de la escuela intermedia. Al llegar a la finca soltó a la iguana para ver si el sueño había sido una realidad. El animalito rápido empezó a comer la hierba que rodeaba los arbustos de café. Cuando limpio el terreno Pascualito le obsequió un guineo. Todos los niños que fueron vieron un hermoso ejemplo de motivación para el trabajo

 

Como estaban en la época de cosechar el café y faltaba mano de obra los niños hablaron con el alcalde y se ofrecieron ayudar a los agricultores en el recogido de café.

 

Desde entonces los niños recogen café al salir de la escuela los días martes y jueves. Esos días salen del salón de clases a las dos de la tarde y trabajan hasta las seis. Ganan dinero y ayudan a sus padres y al país.

 

 

El Señor guía los pasos de los hombres

Los que el bendice poseerán la tierra

Si el bueno cae, no se queda en tierra. Porque

el Señor lo tiene de la mano

Fui joven y ahora soy viejo. Pero nunca

vi a un justo abandonado

 

SALMO 37, Versículos 22 al 25

 

Hay que ser productivo desde la niñez; mirando el futuro.

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