Amor Maternal
Era para la decada los años 40 cuando todavÃa era un adolecente. Recuerdo mucho que mi padre estableció unas reglas en la casa. Para estudio, trabajo y otras disciplinas, todas muy buenas. La contribución de mi madre era notable pues ella respaldaba estas reglas. Para mÃ, fue el primero y mejor seminario que he tenido en mi larga vida. Recuerdo que estableció una norma para el disfrute de la familia. Esto sucedia todos los fines de la semana.
Los domingos era un dÃa especial. En la mañana Ãbamos a misa católica a la iglesia que estaba en el centro de la ciudad. Después, nuestro padre nos llevaba a almorzar a una picanterÃa donde toda la familia disfrutaba. Para mi madre; eso era hermoso. Ella era la que disfrutaba mas pues ese dÃa no tenÃa que cocinar.
El lugar estaba como a una legua de la casa. Era un sitio pintoresco fabricado de adobes y tejas sobre unas ruinas incas de roca caliza. Estaba en una esquina donde dos carreteras se cruzaban frente a un peñón, de 15 pies de alto, que a muchos nos gustaba subir para ver el paisaje de la serranÃa.
La picanterÃa, un restaurante comedor, estaba rodeado en su exterior de árboles de guayaba, duraznos y manzanas. En el patio en su centro habÃa un gazebo tÃpico donde estaban las mesas labradas de piedra y al derredor de ellas, sillas rusticas de madera con espaldar y asientos tejidos con paja carrizo. De ahà se podÃa divisar un pequeño lago donde habÃa patos silvestres y cisnes. Más allá, cerca a un batan de piedra estaban las ollas de barro que hervÃan las mazorcas de maÃz. Una sartén de barro tostaba los granos de maÃz que nosotros llamamos cancha. Muy cerca habÃa un fogón en la tierra que asaba las papas para el almuerzo del dÃa. Pero lo más importante de éste almuerzo o cena era el famoso charqui cocido en barbacoa sobre unas crucetas de hierro viejo sujetas lateralmente sobre unos bloques de ladrillo. Ahi se cocinaba al carbón el charqui. El charqui es carne de res o cordero secada en lonjas al sol en un proceso especial. No faltaba en la mesa el famoso huacatay (salsa de una yerba molida con rocoto que es un aji picante con especies y limón).
La dueña, del negocio, esposo e hijos servÃan a los comensales. Lo primero que ponÃan sobre la mesa era la chicha morada, un refresco muy agradable. Esta bebida era mayormente para los niños. Para los mayores se servÃa una jarra de chicha de jora. Esta bebida era hecha de maÃz germinado y secado al sol. Se fermentaba y la hervÃan para después ponerla en tinajas de barro por 2 meses antes de su consumo. Los comensales se mareaban con dos o tres vasos.
No faltaba en esta picanterÃa la música de los valses criollos de Felipe Pinglo Alva y la marinera costeña que tocaban en una vitrola de la década de los años 20 con discos duros de 32 pulgadas de diámetro. A veces venÃan con sus charangos, arpa, flautas y tamboriles. Los clásicos grupos que tocaban huaynitos y marineras disfrutaban con los comensales la sabrosa charqueada.
Al empezar la cena, nos servÃan ensaladas de cereales y vegetales  sazonados con limón y aceite de oliva. Por lo general la ensalada llevaba pallares, garbanzos, berros, rabanitos, mucha lechuga y cebollas y cebollines. Zanahorias hervidas y mucha aceitunas negras bañadas en vino tinto. Después venÃa el plato principal, el charqui con camote, papas asadas y los sabrosos choclos (maÃz verde hervido). En fin para nosotros erá un delicioso banquete que disfrutabamos con toda la familia junto a familiares de los agricultores del área y con viajeros que solÃan pasar y parar en aquel mesón.
Casi llegando a las 7 de la noche estábamos preparándonos para irnos cuando escuchamos a unos jóvenes gritar; – Ahà están, ahà están –
Yo salà corriendo a ver lo que pasaba y note qué muchas personas habian subido al peñon de la esquina y obserbaban hacia la salida de la Luna. Entre los dos picos nevados del Huandoy, en un abierto cielo, la tenue luz de la Luna alumbraba el desfiladero por donde habÃa montañas de vegetación corta.
Yo también me subà al peñón. Desde ahà pude notar que a lo lejos iban caminando con el puma un animal pequeño que parecÃa su crÃa. Pero ésta compañÃa era rara pues la crÃa tenÃa el cuello largo y no se parecia en nada al puma. Entonces el señor Ortiz les dijo yo siempre cuento esta leyenda a los jovenes cuando ven a una vicuña caminar junto con un puma cuando el puma siempre está cazando estos animales para comérselos.
-        ¿Por qué no les cuentas estas historias a estos jóvenes? – le dijo el loro que el llevaba en su hombro derecho. Si dijó el canario que revoloteaba por ahÃ. – Yo también quiero saber –
-        Está bien, está bien les contaré -
El señor Ortiz dijo; – pongan mucha atención a esta leyenda jovenes por que esta es una leyenda de amor maternal. Quizás el Puma mate a otros animales pero él y la vicuña son amigos -
Después que todos obedecimos y nos sentamos en el peñón. Solamente alumbrados por la luna llena que también el reflejo de su luz asomaba por las hojas de un hermoso árbol de CapuÃ. Recostado sobre ese viejo árbol el señor Ortiz acariciando su larga y blanca barba empezó a relatarnos.
-        Lo que sucedio segun me contaran mis abuelos que durante el virreinato alla por los años 1622 y hasta finales del año 1698. Muchos españoles buscaban riquezas y se peleaban entre ellos para apoderarse de las ricas tierras que cultivaban desde la época de los incas los indios del Perú. Estas actividades hicieron florecer la agricultura cultivando en el callejón de Huaylas; papas, maÃz, calabazas o zapallos  frijoles, pallares, ajÃ, manÃ, quinua amaranto, lúcumas y Ollucos.
-        Junto a estos aventureros iban también cazadores de Alpacas y Vicuñas. Estas personas usaban para la caza furtive Mosquetes y Arcabuzes. Despues que mataban a estos animales le sacaban la piel y las juntaban para venderlas en los muelles del Callao a marineros que llevaban su carga a la penÃnsula ibérica donde recibÃan buena paga. Pero una noche se acercaba por la arboleda llena de cipreses, abetos, pinos y cedros, una puma hambrienta. Igual que los mosqueteros venÃa a cazar su presa pero de pronto escuchó disparos y rápidamente el animal astutamente se escondió detras de un pino y observaba como estos cazadores descuartizaban a las alpacas y vicuñas y dejaban los cuerpos inertes y solos se llevaban las pieles.
-        Después que se alejaron los cazadores el puma sació su hambre con los despojos que yacÃan en el terreno. Cerca a ella una inocente vicuña como de 2 meses de nacida permanecia parada ignorando todo lo que sucedÃa. Entonces la puma pensó; – por qué no llevarme éste animal para después devorarlo con mis crÃas. Se acercó al bebe vicuña la cogió suabemente con sus dientes de la parte trasera del cuello y se alejó entre los arbustos, llanos y riachuelos. Fué a su cueva y notó que estaba lleno de fango producto de los deshielos y avalanchas que sucedÃan durante ésta época de verano.
Entro con su presa y empezó a buscar sus crÃas. No estaban parece que con la lluvia y el fango, temerosos y con hambre, salieron sin pensar en el peligro que corrÃan las pequeñas crÃas.   Lamentablemente sus crÃas se cayeron por el desfiladero y yacÃan muertas en las cercanÃas a los eucaliptos en la playa del rÃo.
La madre Puma bajo y trató de moverlos a ver si todavian vivian y al ver que no se movÃan regresó con paso lento y la cabeza extremadamente agachada. Llegó a su cueva y se recostó a descansar pero la tristeza de la pérdida de sus hijos queridos le inundo ojos y lágrimas goteaban por su peludo rostro.
La Vicuña que estaba hambrienta y con sed empezó a lamer el rostro de la puma y sin temor se acostó entre las patas del feroz animal. Sintió olor a leche. Las ubres de este animal le hacia presión y por ello salÃan gotas de vida, gotas de amor maternal.
La vicuñita hambrienta al sentir el olor a leche fresca se pegó a una ubre y empezó a alimentarse ordeñando a la puma. El amor maternal de la puma hizo que con sus patas acercara al fragil bebe y durmiera toda la noche más tranquila.
Al dia siguiente la vicuña seguia alimentandose de su madre adoptiva que esta vez la protegÃa. Una noche les dijo una lechuza; –  “Escuchadme amigos nuestro dios Inti me encargo les dijera que por esa acción tan maternal ustedes caminaran juntos por los andes protegiéndose y como buenos amigos.



